El grupo de jóvenes atletas que entrena en Calahorra al dictado de Valvanera Guridi tiene un buen espejo en el que mirarse. Es un espejo con dos caras en el que Santiago Ezquerro refleja el triunfo, el premio a las cosas bien hechas; y en el que la propia entrenadora de Pradejón refleja la importancia del esfuerzo, del tesón y del conocimiento de lo que cuesta lograr los buenos resultados.
Aunque Ezquerro lleva una preparación específica por sus características y su nivel, se siente muy integrado en el grupo que se prepara en las pistas riojabajeñas. «Al principio estaba solo, pero luego se fueron sumando más niños y sobre todo niñas, que ahora hay mas chicas», dice el velocista riojano, que no duda en enseñarles a sus jóvenes compañeros de entrenamiento sus medallas cuando las gana y éstos se lo piden. Ayer fue uno de esos días porque Ezquerro, tras un merecido descanso el lunes, llevaba consigo el metal más importante de los que ha conseguido hasta ahora, el oro en los 400 en pista cubierta.
«Él es un ejemplo a seguir. Los demás ven que si Santi lo está consiguiendo, ellos igual también lo pueden lograr», señala Guridi que, cuando acaba con sus jóvenes discípulos, inicia sus propias sesiones de entrenamiento.
«Así ven que yo sé lo que cuesta», señala esta entrenadora que fue atleta en su juventud y que, tras varios años inactiva, decidió hace dos volver a calzarse las zapatillas de clavos para competir ya como veterana. Y las cosas no le van mal. El año pasado se proclamó en Torremolinos campeona de España de 200 metros en su categoría (más de 45 años) y fue la única representante española en la final de los 100 lisos en el Mundial disputado en Anoeta. Allí fue octava después de haber participado también la prueba de 200, de la que quedó eliminada en las semifinales.