El discreto juego de la selección de Iñaki Sáez no logró enmudecer a la grada de Anduva. Consiguió, eso sí, que los 4.000 aficionados que acudieron con la intención de animar de principio a fin, abandonaran el campo decepcionados. España perdió y, además lo hizo con justicia en el que era el primer partido preparatorio de los sub-21 para el Campeonato de Europa que arrancará en el mes de septiembre.
El 0-1 final registrado en Miranda fue la consecuencia directa de comprobar que los polacos son, hoy por hoy, un equipo más conjuntado que el combinado de Iñaki Sáez. El técnico había anunciado en las horas previas que este periodo preparatorio tiene por objeto conformar un equipo competitivo y compensado. Visto lo sucedido en el césped de Anduva, al vizcaíno le queda mucho trabajo por hacer. Hay buenas individualidades, pero falta bastante para ver en acción a un verdadero equipo.
El partido comenzó con sorpresa en la alineación. Sáez había anunciado la presencia de Soldado como hombre punta, pero se decidió por Llorente. El mayor poderío físico del delantero del Athletic parecía una baza mejor ante la evidente fortaleza de la zaga polaca.
Comienzo esperanzador
En el arranque del encuentro España dio la sensación de que iba a hacerse desde los primeros instantes con el control del choque. En el primer minuto de juego Albiol no pudo aprovechar una de las pocas indecisiones del guardameta polaco tras el lanzamiento de un córner efectuado por Iniesta, y en el que la envergadura de Llorente fue decisiva para hacer dudar a Fabianski.
Con este buen principio, y sin que el cronómetro avanzara más de dos minutos, quien tuvo en sus botas la posibilidad de abrir el marcador fue Gavilán. Espectacular pase al hueco de Juanfran que es interceptado al límite por el portero de Polonia. Fabianski se mantuvo muy seguro en sus salidas por alto y rápido a la hora de evitar las llegadas de los punta españoles. Su anticipación fue vital para rebajar el ánimo de los de Sáez en sus intentos de aproximarse al área contraria. De hecho tras los minutos de tanteo habituales fue el combinado polaco el que se hizo con las riendas del encuentro.
Ya a los doce minutos Moyá tuvo que hacer alarde de sus reflejos para repeler un seco y durísimo disparo de Wojtkowiak. Esta acción fue el preludio del único tanto del encuentro. Envío en profundidad hacia el área española. Despiste generalizado en la zaga.
Moyá pretendió despejar el balón que había quedado sin control, con tan mala fortuna que impactó en Flaño. El rechace queda franco para Piszczez que sólo tiene que empujar el esférico a la red. El tanto hizo reaccionar a los de Sáez que tres minutos después dispusieron de la más clara oportunidad. Juan Fran no pudo aprovechar un envío de Llorente. Su disparo se marchó por encima del travesaño.
En la recta final del primer periodo el combinado nacional comenzó a perder presencia en ataque al no lograr superar la maraña defensiva planteada por el seleccionador polaco. Además, la falta de profundidad y el atasco en el centro el campo permitió a los rivales efectuar robos de balón que provocaban el peligro en las inmediaciones de la puerta de Moyá, que evitó el que pudo ser el 0-2 en el minuto 42. Blaszczykowski obligó a despejar en dos oportunidades al portero balear.
Aún menos
Si el primer tiempo dio pocas alegrías a la incondicional grada, que animaba con los cánticos habituales en Anduva para los rojillos, en la reanudación el equipo de Sáez fue perdiendo paulatinamente la chispa y desapareciendo del partido. Los cambios, previstos desde el inicio, no dieron el resultado esperado. El centro del campo siguió sin encontrar el modo de hacer circular con fluidez el esférico y los hombres de ataque se encontraron muy desasistidos.
Algunos destellos de calidad pusieron cierta dosis de emoción pero incluso desde la grada se entonaron cánticos para que los jugadores españoles pusieran una velocidad más. También apelaron a la necesidad de que los de Sáez se emplearan con mayor garra en la lucha por conseguir, al menos, el tanto del empate. En el segundo periodo, lo más destacable fue la pelea de Gavilán. El jugador del Getafe intentó provocar peligro por su banda y desestabilizar a sus marcadores. Su trabajo no encontró premio.
El partido era un ensayo y en eso quedó. El estreno de Anduva como anfitrión de la selección española sub-21 no acabó como los seguidores rojillos esperaban. España decepcionó mientras que la grada respondió a las expectativas. Los incondicionales dieron el colorido y el ambiente que el equipo no ofreció.