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Miércoles, 1 de marzo de 2006
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Las FARC redoblan su ofensiva y asesinan a nueve concejales
«Fue como estar en el infierno», relata un concejal superviviente del crimen, registrado en un club campestre
Los cuerpos de siete de los concejales asesinados quedaron tendidos en el suelo del club campestre. / AP
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El presidente colombiano, Álvaro Uribe, repudió ayer el atentado que el martes costó la vida a nueve concejales y a tres escoltas en Rivera, a 350 kilómetros de Bogotá. Las autoridades lo atribuyen a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que sólo en lo que va de año ya han causado la muerte a 37 personas.

«Quiero expresar la enorme tristeza que nos embarga por el asesinato de los concejales», dijo el mandatario. El terrorismo «sigue haciendo semejantes daños» a los colombianos, añadió.

Once concejales de Rivera, estado de Huila, -todos con escoltas porque estaban amenazados- celebraban una reunión en un salón del club campestre Los Gabrieles cuando fueron asesinados. Los cuerpos de siete concejales y de tres escoltas quedaban tendidos por el suelo. Otros dos ediles morían en el hospital y cuatro personas más resultaban heridas.

A Saúl Rojas, secretario municipal y uno de los supervivientes, le retumbaban en la mente los trágicos momentos. «Fue como estar en el infierno». Explicó que media hora después de comenzar la sesión, a las 14.50, vio asomarse a la puerta a dos hombres con uniforme militar. «Cuando me iba a parar, comenzó todo. Se convirtió en el infierno. Fue cuando me retiré del grupo. Sentí un balazo en la pierna y me tiré al suelo», dijo.

«No supe más»

Y en medio de la confusión que había desatado la explosión de una granada, otros dos hombres entraron al restaurante. «Oía que desde afuera les daban órdenes para que nos mataran a todos. Después no supe más. Al parecer, me desmayé porque luego desperté y sólo vi a los concejales tirados en el piso. Todo estaba destruido», relató el secretario.

Cuando recuperó el conocimiento, se arrastró hasta el exterior, donde fue recogido por el alcalde, Hernando Pinto, que terminaba de almorzar en casa de su madre, a 200 metros del club.

En el pueblo, todos sabían que las FARC amenazaron el año pasado al Consistorio. Por ello, algunos ediles vivían fuera de la localidad y sólo acudían allí para celebrar las sesiones.

La matanza ocurrió veinticuatro horas después de que la principal guerrilla del país asesinara en el estado de Caquetá a nueve personas, entre ellas una niña que viajaba con otros dieciséis pasajeros en un autobús público.

En mayo de 2005, seis concejales y el secretario de Puerto Rico (Caquetá) fueron muertos por las FARC. En julio del mismo año, atacaban un restaurante donde conversaban políticos y sus familias: murieron un ex edil, la esposa del alcalde, el secretario y su hija.



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