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Miércoles, 1 de marzo de 2006
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POLÍTICA
POLÍTICA
Los partidos exigen alarmados a la banda que deje la violencia y evite nuevas víctimas
Urkullu tacha de «inadmisible» que «haga jugar a la sociedad vasca a la ruleta rusa»
MUNGIA. Un momento de la concentración de repulsa. / I. PÉREZ
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La alarma ha cundido de forma palpable en el grueso de los partidos vascos a la luz de las consecuencias provocadas por la bomba explosionada por ETA, sin previo aviso, contra los Juzgados de Mungia: dos heridos leves -un policía municipal y un ertzaina-, destrozos materiales y el refuerzo de la amenaza contra el colectivo judicial, uno de los más castigados, junto a los empresarios, por la organización terrorista en los últimos meses. Mientras los representantes de la Magistratura respondían negando que vayan a amedrentarse -así lo sostuvo la nota de condena y solidaridad con los afectados firmada, en nombre del Tribunal Superior, por Fernando Ruiz Piñeiro-, las fuerzas políticas clamaron para que la banda abandone definitivamente la violencia y elimine el riesgo de que alguno de sus ataques cause un daño irreversible, frustrando todas las expectativas creadas sobre el proceso de paz. Los aludidos desoyeron sus llamamientos e hicieron estallar horas después otro artefacto, éste en Mutriku.

«Por este camino, no», reiteró oficialmente, por segunda vez en apenas cuatro días, el Gobierno vasco, quien constató con inquietud que «sólo la casualidad y el azar» habían impedido «un balance más trágico». Miren Azkarate hizo hincapié en «la confusión y la desconfianza», sumadas a «las dosis de desilusión y desasosiego», que suscitan en la sociedad cada bomba y advirtió a ETA de que «así no se construye la paz ni se abren vías para buscar una solución». El delegado del Ejecutivo central en Euskadi, Paulino Luesma, se sumó a la exigencia a la banda para que «desaparezca» definitivamente y ponga fin a su «locura de destrucción».

Para entonces, la medida del riesgo sembrado la había dado el alcalde de Mungia, José Antonio Torrontegi, quien evidenció cómo el efecto de la bomba podía haber sido aún peor y zanjó su valoración con un lacónico «ese camino no trae nada bueno»; fue el preludio de la condena suscrita por el Ayuntamiento, que tildó a los terroristas de «gente inconsciente» y les avisó de que «mañana puede ser muy tarde» si deciden finalmente deponer las armas. Los partidos siguieron, de una forma u otra, esa misma estela. Muy gráfico, el portavoz del PNV, Íñigo Urkullu tachó de «inadmisible» que ETA pretenda «hacer jugar» a la ciudadanía «a la ruleta rusa» con sus reiterados atentados, una actitud que puede «acabar quemando el tan ansiado proceso de paz», se preocuparon los socialistas. Patxi López volvió a mirar a la izquierda abertzale para reclamarle que reaccione y realice una condena si de verdad quiere integrarse a las vías políticas.

Unidad de partidos

Ya por la noche, tras producirse en Mutriku el segundo atentado con bomba en sólo veintidós horas, el ministro de Interior, José Antonio Alonso, reiteró su confianza en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y volvió a pedir «unidad» a los partidos.

En parecidos términos, la ejecutiva federal del PSOE indicó que «la unidad sin fisuras de todas las fuerzas democráticas sigue siendo la mejor vía para terminar definitivamente con el terrorismo».



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