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Viernes, 3 de marzo de 2006
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Vigilancias
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El oficio de camionero ha de ser sin duda muy duro, pero también hay que reconocer que a veces se dan, aunque sean minoritarios, casos de desobediencia por parte del gremio. Descansos a destiempo, excesos en la carga, tarjetas de transporte público caducadas y otras graves o leves infracciones de la norma. Por eso es imprescindible la inspección periódica y las sanciones correspondientes. Suena duro, pero más duro es el accidente de carretera con resultado imprevisible. O mortal.

Todos sabemos además de la existencia de las llamadas empresas piratas, incontroladas e incontrolables, cuya existencia al parecer en nuestra provincia es cosa del pasado. Si así se dice, así será, aunque me permitirán cierto escepticismo al respecto. Hasta el señor Juan Cruz Calleja, presidente de las empresas del sector, reconoce las prácticas fraudulentas. Esas prácticas parecen inevitables, pero no lo son.

Lo que se precisa es rigor en la vigilancia, rigor que no siempre ha sido el exigible. Ya sabemos que es difícil controlar el tránsito de vehículos pesados por esas carreteras, pero ésa no es excusa para bajar la guardia. Tengan en cuenta el dato e interprétenlo a su gusto: 1.500 transportistas son multados al año por no decansar o por exceso de carga, y a mí me parece una cifra tirando a muy alta. El consuelo de que en otras provincias el asunto es peor no me sirve de gran cosa. Se trata de llamar la atención de conductores y patrones, no se olvide, porque no sólo los primeros tienen la culpa. Hacen lo que se les dice y punto. Por la cuenta que les tiene, claro. c.p.uralde@diario-elcorreo.com



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