No diga cine de animación, diga Hayao Miyazaki. Hablar de dibujos animados sin mencionar a este genio, para muchos por encima del mismísimo Walt Disney -sin duda es la respuesta nipona con más posibilidades de hacer sombra al inventor de Mickey Mouse por su grado de comercialidad y occidentalización-, es como hablar de cine de culto sin mencionar a David Lynch. Ganador de un Oscar por la fascinante 'El viaje de Chihiro', responsable de maravillas como 'Porco Rosso' y 'Mi vecino Totoro', este sexagenario artista, curtido en series televisivas inolvidables como la mítica 'Heidi', estrena en nuestra cartelera 'El castillo ambulante', una propuesta sugestiva y entrañable, que este año opta al Oscar en la categoría de mejor película animada.
La historia mezcla brujas y hechizos, ofreciendo un espectáculo de fantasía desbordante realizado básicamente mediante la técnica tradicional del dibujo a mano. La cinta apenas contiene un 10% de intervención informática en un metraje de dos horas de extensión. Toda una proeza en los tiempos que corren y que sólo en Japón amasó la friolera de 192 millones de dólares.
El maestro Miyazaki toma esta vez como punto de partida el libro 'Archer's Goon', escrito por la británica Diana Wynne Jones. La personal imaginería del cineasta japonés, mágica e hipnótica, se desata aprovechando con acierto un material que le viene como anillo al dedo ambientado en plena II Guerra Mundial. La trama se centra en Sophie, una chica de 18 años que trabaja en una tienda de sombreros. Un día conoce al mago Howl, joven seductor con poderes extraordinarios, con el que enseguida conecta, lo que despierta el odio de la Bruja del Páramo, ferviente enemiga de su nuevo compañero. La pérfida hechicera engaña a la protagonista y la transforma en una anciana de noventa años que no puede revelar su verdadera identidad. El castillo ambulante del título y otras sorpresas añaden misterio a una trama trufada de poesía, con ecos de 'El mago de Oz', que confirma la obsesión de Miyazaki por la representación de una realidad en continua metamorfosis.
La lucha entre el bien y el mal, otra constante en su filmografía, también está presente, siempre manteniendo un punto de vista optimista y lleno de vitalidad. La aventura accidental obliga al personaje principal a aprender a conocerse, hasta llegar a saber lo que quiere en la vida. Un viaje existencial, visualmente impactante, del que el público también es participe. Atención a la brillante banda sonora.