Cuatro empleados de la empresa de Salvatierra Fundiciones Ocáriz se sentaron ayer en el banquillo de los acusados para responder a las acusaciones de daños contra las instalaciones de la fábrica durante una huelga en febrero de 2004. Los trabajadores negaron al unísono en el Palacio de Justicia de Vitoria que tuvieran «nada que ver» con la colocación de una barricada incendiaria en la entrada a la fábrica. El sabotaje calcinó una puerta metálica valorada en más de 6.500 euros y fue el punto culminante de uno de los conflictos laborales más agrios de los últimos años en la provincia.
La acusación particular y el fiscal no dieron crédito al alegato de inocencia de los enjuiciados y mantuvieron su petición de penas de cárcel. El fiscal solicita 18 meses de prisión para cada uno por un delito de daños, mientras que el abogado de la empresa ve también un caso de coacción, por lo que propone un castigo de tres años y una indemnización de 7.649 euros para cada uno.
La declaraciones de los acusados, de la dirección y de los ertzainas que intervinieron en la madrugada del 6 de febrero de 2004 apenas ayudaron a dibujar una reconstrucción clara de los hechos. Los trabajadores aseguraron que «no estábamos ahí» cuando el fuego prendió la pila de neumáticos levantada junto a la entrada a la fábrica. Según su versión, habían pasado la noche en la chabola construida frente al recinto a modo de piquete hasta que decidieron ir a casa de uno de ellos a «guarecernos del frío y comer algo». Al regresar a la fábrica «vimos las llamas».
Pero, según los seis agentes de la Policía vasca, los cuatro operarios «estaban escondidos detrás de unos coches» a pocos metros de la barricada «con las manos ennegrecidas por el hollín y despidiendo un fuerte olor a humo». Según recoge el atestado policial y tal y como refrendaron varios ertzainas, en uno de los coches se halló una botella de 'cognac' y un recipiente con colonia.
Rotulador en las manos
Los trabajadores -tres de ellos afiliados a ELA y uno a LAB- sostienen que sus manos estaban sucias porque solían hacer fuego en un bidón metálico para calentarse dentro de la caseta. Además, acababan de usar «rotuladores para pintar una pancarta» reivindicativa. La colonia, afirmó uno de ellos, no era sino líquido «para rellenar el ambientador del coche».
La defensa solicitó la libre absolución de los encausados. Uno de sus testigos fue un empleado que dijo que la abolladura de la puerta la ocasionó un camión de carga. En cambio, el administrador de la empresa manifestó que los huelguistas causaron «destrozos continuos» mientras duró la protesta.
Después de tres horas de juicio, la sesión quedó vista para sentencia. En las afueras del Palacio de Justicia se concentró un grupo de delegados de LAB. El responsable de ELA en Álava, Luis Fernández, acudió a declarar en calidad de testigo de la defensa.