No son niños, pero a veces se comportan como tales. La dificultad que entraña el tratamiento de ancianos con problemas psicológicos es una carrera de obstáculos de carácter imposible. Juan Gibert, catedrático de farmacología de la Universidad de Cádiz, aseguró ayer en Vitoria, en el marco del XIV Curso de Actualización en Psiquiatría, que la terapia que hay que ofrecer a las personas mayores «no tiene nada que ver» con los protocolos normales.
Los ancianos, según Gibert, «tienen la mala costumbre de automedicarse» -más que el resto de la población-, algo que dificulta «enormemente» la labor de los profesionales de la salud mental. Ajustar las dosis farmacológicas se convierte en una 'odisea' debido a la poca colaboración que brindan los pacientes. «Muchas veces no tenemos ni idea de lo que toman, porque nos lo ocultan e incluso nos mienten. Nos dicen que no lo saben, que no se acuerdan... Eso sí, les encantan las pastillitas y los jarabes, pero ignoran por completo que esos fármacos interactúan con los que les prescribimos nosotros y que la mezcla puede ser perjudicar el tratamiento» .
Los últimos datos confirman el auge de las enfermedades mentales en el sector de la población de más de 65 años. Pero la causa, aclara Gibert, está en la «longevidad». «La gente vive cada vez más y eso provoca que haya más trastornos y depresiones. Es algo normal».