Vitoria rememoró ayer los trágicos sucesos que conmocionaron la ciudad el 3 de marzo de 1976, un día fijado en la memoria colectiva de varias generaciones. Aquel día la Policía Armada mató a balazos a cinco trabajadores e hirió a un centenar durante la represión de una asamblea obrera que se celebraba en la iglesia de San Francisco, en el barrio de Zaramaga, y en los enfrentamientos anteriores y posteriores a la reunión. Treinta años después, la capital alavesa revivió su más luctuosa jornada de la época de la transición a la democracia y lo hizo con actos reivindicativos, iniciativas políticas y un multitudinario concierto de Lluis Llach en el Buesa Arena. Y es que el cantautor catalán inmortalizó la masacre en 'Campanadas a morts', un poema musical que compuso aquella misma noche tras escuchar las espeluznantes noticias que llegaban de Vitoria.
El treinta aniversario también se recordó en el Parlamento vasco, que solicitó por unanimidad al Gobierno central el reconocimiento expreso de las víctimas del 3 de Marzo como afectados por el terrorismo. Todos los grupos políticos representados en la Cámara suscribieron una declaración para expresar su solidaridad con las personas y familias que sufrieron los «asesinatos y brutales agresiones» policiales.
Además, reiteraron su apoyo a las iniciativas planteadas por la Asociación de Víctimas del 3 de Marzo para que se aclare lo ocurrido, se depuren las responsabilidades derivadas de los mismos y se haga justicia a los afectados.
Los parlamentarios exigieron al gabinete que preside Rodríguez Zapatero que plasme el reconocimiento a los afectados en la Ley de Solidaridad con las víctimas del Terrorismo y, si ello no fuese posible, que considere el «carácter indemnizable» de aquellos hechos y que promueva las modificaciones normativas necesarias para lograr el «resarcimiento de las víctimas del 3 de Marzo».
Casi a la misma hora en que el Parlamento vasco se pronunciaba, diversos simpatizantes de la ilegalizada Batasuna celebraban un acto político ante el monolito que conmemora la tragedia de 1976, para homenajear a los cinco trabajadores asesinados y a los dos miembros de ETA muertos esta semana en distintas cárceles, el último en la mañana de ayer.
Tras la intervención de Joseba Alvarez, miembro de la ilegalizada formación, dio comienzo ante la iglesia de San Francisco una manifestación de repulsa por el fallecimiento de esos reclusos que culminó con diversos incidentes.
Heridos y detenidos
Ya por la tarde, cerca de 3.000 personas acudieron a la concentración previa a la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del 3 de Marzo y los sindicatos LAB, ESK, STEE-EILAS y ELA. Los familiares de los cinco trabajadores acribillados en 1976 -Pedro María Ocio, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, José Castillo y Bienvenido Pereda- depositaron flores ante el monolito, después de que Eva Barroso recordará a su hermano y a sus compañeros y reclamara, en nombre de las familias, «verdad y justicia» para esclarecer lo ocurrido y castigar a los responsables.
La marcha se inició a las 19. 40 horas y, al llegar al cruce de la calle Portal de Villarreal y la plaza de Bilbao, la Ertzaintza advirtió en varias ocasiones de que la disolvería si no se retiraba de inmediato una gran ikurriña con las fotos de los dos presos muertos. La izaban varias personas que caminaban a escasos metros de los portadores, familiares y sindicalistas, de la pancarta alusiva al 3 de Marzo. Finalmente, los agentes hicieron uso de porras y pelotas de goma. Al menos cuatro personas resultaron heridas, entre ellas el portavoz de las víctimas, Andoni Txasko, que además fue detenido por «resistencia a la autoridad».
Entretanto, la manifestación siguió su curso, un tanto diezmada, y concluyó en la Virgen Blanca, donde después grupos de jóvenes cortaron el tráfico. El canto de Llach conjuró por la noche la tentación a la violencia y el olvido.