Diego Forlán ha regresado. Llevaba nueve partidos ausente, 789 minutos sin 'matar' a la defensa rival con uno de sus hábiles recortes que preceden a sus magistrales tantos. Hasta hace dos sábados, el charrúa vivía seco. Pero ya ha recuperado su instinto, el que le une con el gol. Desde entonces, el ariete amarillo ha logrado tres dianas -la última al Athletic la pasada jornada- que le han devuelto la alegría a él y al Villarreal.
De hecho, el uruguayo estaba pasando el mayor estío desde que aterrizó en España hace dos veranos. No tenía sitio en el Manchester y los amarillos le acogieron. Nada más llegar, dio muestras de su olfato, tantos continuos. Así se convirtió en el máximo artillero de la Liga con 25 dianas, una más que Eto'o. El rubio delantero le arrebató el 'Pichichi' en la última jornada.
Y esa cantidad, además de permitir la clasificación del Villarreal para la Liga de Campeones por primera vez en sus 82 años de historia, le sirvió para lograr la Bota de Oro. Sólo Henry aguantó el tirón y le igualó. Compartieron el honor de ser el mejor goleador de las ligas europeas. En suma, su segunda experiencia en el Viejo Continente comenzó de forma magistral.
Y así continuó la segunda campaña en Levante. La presente. Arrancó de una manera decente. Poco a poco, sin embargo, la pólvora de este hincha del Peñarol se fue mojando. En demasía. Como ejemplo basta señalar que para estas alturas del ejercicio, la última temporada Forlán había anotado una quincena de goles. Hasta hace dos semanas, sólo cuatro. Mal bagaje para el hombre en el que recae el peso ofensivo del Villarreal de forma principal.
Pese a su mala racha de nueve partidos sin marcar, mantuvo la calma. «Ya llegarán», decía Forlán, que se convirtió en futbolista por una promesa. Se la hizo a su padre con diez años. Su hermana sufrió un accidente que le tuvo cinco meses postrada a una cama con un respirador artificial. Entonces, el uruguayo le dijo a su progenitor que, de mayor, jugaría al fútbol para pagar los gastos médicos. Lo consiguió.
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Igual que logró romper ese barbecho que ha provocado que el Villarreal no esté tan arriba como el año pasado, aunque sigue siendo un conjunto terrible. Durante esa pésima racha, los de Pellegrini sólo sumaron seis de los 21 puntos disputados y tres tantos, dos de penalti Riquelme -el estandarte ofensivo esta campaña-.
La sequía, no obstante, se ha roto. Iraizoz, portero del Espanyol; Waterreus, meta del Glasgow Rangers, y Lafuente, del Athletic, pueden dar fe de ello. Sobre todo el penúltimo, que sintió dos zarpazos de Forlán, aunque el árbitro anuló uno. Así, también rompió su mala racha en 'Champions' en la que no marcaba desde la ronda previa ante el Everton.
Está claro: ha vuelto. Gracias, quizá, a las botas que estrenó hace quince días con el color de la bandera de su Uruguay. Ahora, sólo queda que el Villarreal recupere el gol a domicilio en el actual curso liguero. En sus últimas cuatro salidas, el equipo local mantuvo su portería a cero. Pero hoy, en su casa, Forlán probará los reflejos del alavesista Costanzo.