Los salarios de los inmigrantes son por término medio un 30% inferiores a los de los trabajadores españoles. Tan sólo una pequeña parte de este desfase obedece a actitudes discriminatorias. Además, la mano de obra extranjera no compite con la autóctona; es decir, la llegada masiva de trabajadores procedentes de otros países no ha ido en detrimento de las oportunidades de empleo ni de los salarios de los nacidos en el país, según figura en un informe que, sobre el fenómeno laboral de la inmigración, ha realizado la Fundación Alternativas, vinculada al PSOE.
Sus autoras, Raquel Carrasco y Carolina Ortega, tituladas, especialistas e investigadoras de la Universidad de Alcalá de Henares, mantienen que casi la mitad del desfase salarial responde a la falta de antigüedad de los extranjeros. Otro porcentaje elevado corresponde a su menor edad y bajo nivel de estudios. En definitiva, «apenas un 6% del diferencial» carece de explicación.
Es preciso tener en cuenta también que el porcentaje de inmigrantes que trabaja media jornada y ha firmado un contrato temporal es mayor que el de españoles, y que la proporción de extranjeros en puestos cualificados o en el sector público es inferior. Destaca asimismo que la concentración de los inmigrantes -siempre con respecto a los nativos- se produce en las pequeñas y medianas empresas.
Respecto a la posibilidad de que el trabajador extranjero resuelva con sus cotizaciones la financiación del sistema público de pensiones, el documento resalta que lo único que hará el inmigrante es retrasar el problema, puesto que los afiliados venidos de fuera también envejecen y si optan por la residencia definitiva en el estado de acogida llegarán a cobrar pensión.