Desesperante resultó el regalo del Alavés ayer en El Madrigal cuando las concesiones se empiezan a pagar a un precio exagerado. Se le escapó el partido primero y después hasta el punto que hubiera al menos compensado su esfuerzo. Entre un obsequio de Costanzo, la flagrante debilidad a balón parado del equipo y un exceso de conservadurismo final se filtró la esperanza de asomar la cabeza en la Liga. Dos ventajas adquiridas a golpe de claridad ofensiva se dejaron marchar por la peor de las vías, la de un equipo carente de solidez y otra sustitución, nuevamente la de Blago por Bodipo, que desorientó más que ayudó al cambiar de sistema. Nueva derrota, un punto de nueve en tres partidos y la condena a una situación que comienza a ser crítica a falta de doce encuentros.