El Correo Digital
Domingo, 5 de marzo de 2006
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CICLISMO
 
EDICIÓN IMPRESA
 
REGRESO. Astarloa levanta los brazos al imponerse a Pellizotti (izquierda) y Celestino (derecha). / EFE
CICLISMO
«No soy un ganador, pero siempre gano algo». Con esa frase, Igor Astarloa hace de sí mismo un perfil perfecto. No es un ganador: cerca ya de los treinta años, su palmarés apenas presenta una decena de victorias. Pero siempre gana algo: o la Clásica de Primavera, o la Flecha Valona o el Mundial de Hamilton..., o como ayer, la clásica más antigua, la Milán-Turín (1876). A cierta distancia, el corredor vizcaíno es un émulo de Freire. Otro ciclista discontinuo, incomprendido en su país, resignado a la emigración y, de repente, brillante. No es un ganador, salvo días como ayer.
 
 

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