El arquitecto Ramón Ruiz Cuevas (Bilbao, 1964) reclama modernidad y valentía y repite que Vitoria debe encontrar el símbolo emblemático que le sitúe en el mapa de ciudades. «En televisión, de Bilbao sacan el Guggenheim, y de San Sebastián, el Kursaal. De Vitoria no saben qué poner», dice gráficamente. Enamorado de la obra de Olaguíbel, apuesta por el Casco Viejo. «Yo pondría rampas mecánicas, escaleras y ascensores para llegar a la colina, que es una joya», defiende.
-Centros cívicos, hoteles, 25.000 viviendas, polideportivos ¿es Vitoria la Meca actual para los arquitectos?
-Vitoria está en un buen momento y creo que es una ciudad que tiene mucho futuro. Casi mil años después de su fundación sigue siendo un estratégico nudo de comunicación y sus posibilidades de crecimiento son impresionantes.
-Vitoria crece a marchas forzadas por Salburua y Zabalgana. ¿Qué le parecen los nuevos barrios?
-El crecimiento de Vitoria ha sido siempre muy mesurado, se ha hecho bien, incluso en la época del desarrollismo de los años 50, que fue tan traumática en otras ciudades. Aún es pronto para enjuiciar Salburua y Zabalgana, hay que esperar a que la gente viva en los barrios.
-Eso es que no le gustan demasiado
-No, no, qué va. Están bien. Les doy un aprobado. En Lakua se nota una escasa tensión urbana, poca densidad. En Salburua y Zabalgana se ha aprendido de Lakua y se han corregido cosas.
-Con tanta nueva construcción, estarán que no paran. ¿En qué se ocupa usted ahora?
-Tengo mucha ilusión con la cubierta de las pistas de pádel de Mendizorroza. Es una pequeña obra, pero hemos intentado innovar y darle un aire especial. Es una zona de la ciudad muy bella, con un entorno magnífico y queremos que la cubierta, formada por planchas de policarbonato de colores, sea útil. Además proyectamos otras cosas, como un apartahotel, unas viviendas bioclimáticas en Bermeo y vamos a empezar un polideportivo en Bilbao.
-Se acometen nuevos barrios y obras, pero parece que a la ciudad le cuesta abrirse a proyectos emblemáticos. La comparación con Bilbao, San Sebastián e incluso León está a la orden del día. ¿Le falta a la ciudad subirse al carro de esa singularidad?
-Sí, sin duda. Debemos quitarnos ese lastre de pueblerinos, dicho con respeto, porque mi padre era de pueblo y a mucha honra. Es curioso. En los reportajes de televisión, de Bilbao sacan el Guggenheim; de San Sebastián, los cubos del Kursaal. Y cuando sacan Vitoria, no saben qué poner. Eso es un drama. Me apena que tengamos oportunidades y los políticos las pierdan.
-Supongo que se refiere al Auditorio. ¿Cómo ha visto el polémico proceso para construirlo?
-Con pena. Es un grandísimo proyecto. El sitio en La Senda es maravilloso, una joya. Y es absurdo entrar a debatir si debe hacerse en otro lugar o no. El Auditorio de Navarro Baldeweg sólo se concibe en La Senda y podría ser el edificio emblemático de la ciudad. Vitoria necesita un símbolo muy reconocible y éste puede ser.
-Un colega suyo, Roberto Ercilla, decía que Baldeweg se ha enfrentado a una intransigencia absurda. ¿Se ha puesto alguna vez en la piel de Navarro?
-Desde la distancia que nos separa, sí. Y se siente frustración. La arquitectura no está hecha para quedarse en los planos.
-¿Cómo vaticina que acabará?
-Ojalá se construya, pero lo dudo mucho. Cuando las cosas se meten en el fango político, es difícil que prosperen.
Sí a los 'loft'
-Alonso ha anunciado que abrirá un concurso de ideas para remodelar la plaza de la Virgen Blanca. Así, a botepronto, ¿cómo cree que debería quedar?
-Lo importante de esa plaza es el espacio vacío que diseñó Olaguíbel en conjunto con los Arquillos y la plaza Nueva. Hay que respetar su focalización hacia la Virgen y hacia la balconada, así como el plano inclinado que le da mucho encanto. Lo demás es secundario: las farolitas, los parterres o el monumento.
-¿Lo quitaría?
-Se puede trasladar porque no aporta nada. Pero hay que andar con cuidado, porque cada vitoriano tendrá una opinión.
-¿Trasladarlo? ¿A dónde?
-Ése sería otro gran debate vitoriano que motivaría ríos de tinta. De todas formas, me parece muy bien que se plantee un concurso de arquitectura con tiempo para reflexionar. Ya es hora de hacer un retoque a la plaza.
-El alcalde plantea un túnel bajo los Arquillos para acceder al futuro párking de El Campillo. ¿Es para echarse a temblar?
-Hombre, a nivel técnico todo se puede hacer. El metro de Bilbao pasa por debajo de la ría y se construyen cosas mucho más complejas. Está claro que el Casco Viejo tiene un problema de aparcamiento y que solucionarlo es clave para su revitalización.
-¿Las rampas mecánicas son un buen aliciente para el barrio?
-El casco medieval es una maravilla y hay que recuperar la vida en todos los aspectos: vivienda, comercio de todo tipo, sin guetos Y las rampas mecánicas son un buen aliciente, facilitan la comunicación. Los Arquillos son un espacio maravilloso, pero están desiertos porque hay que subir unas escaleras. Y yo no me quedaría ahí. Pondría ascensores desde San Miguel, escaleras mecánicas desde la Virgen Blanca Todo lo que sea comunicar el Campillo, que está a 22 metros, con el Ensanche, es bueno.
-¿Y qué hacer con el Gaztetxe?
-A nivel arquitectónico no vale nada, son unas cocheras que se hicieron de forma puramente funcional. No se puede hipotecar el futuro de esa zona a un edificio así, porque es un espacio de oportunidad. Las actividades culturales se podrían desarrollar en otro lugar, en el mismo barrio o no.
-¿Es partidario de impulsar la conversión de lonjas en viviendas, lo que se conoce como 'loft'?
-Sí. Sólo se hacen viviendas para el mismo tipo de familias. Hay que dar más diversidad, porque la sociedad no es tan homogénea. El loft es un espacio muy adecuado para discapacitados, para ancianos, para personas que trabajan en casa Hay muchas lonjas vacías y, teniendo cuidado, puede ser una buena salida.
-La nueva ley del suelo amplía el margen de viviendas sometidas a protección hasta el 75% de las nuevas urbanizaciones. ¿Cuál es su opinión respecto a estas reservas?
-Es un asunto complicado, porque es evidente que hay que hacer vivienda protegida para quienes están fuera del mercado libre. Pero también es cierto que no ayudan a controlar el precio de los pisos libres, sino que a veces lo encarecen. No sé si la nueva Ley Vasca del Suelo logrará solucionar el problema de la vivienda.