El próximo año se celebrará el centenario de aquella fundación, que colocó a Álava como provincia pionera en el cuidado y la protección de sus pobres. Con ese motivo, una veintena de médicos, enfermeras y trabajadores de la psiquiatría alavesa ha formado un comité organizador que prepara un intenso programa de actos, exposiciones, actos, documentales, charlas, reediciones de libros y otras actividades ligadas a la efemérides.
«La huella del asilo sobre la historia alavesa del último siglo es impresionante. Preparar los actos del centenario significa mirar atrás para reconocer que para llegar adonde estamos otros, antes hicieron mucho. Es un ejercicio de memoria de la ciudad», asegura Javier Girbau, administrador del actual Hospital Psiquiátrico de Álava y uno de los impulsores de la celebración del centenario.
El contexto en el que nace el asilo y manicomio de Las Nieves en 1907 es «la fusión de una necesidad social con una virtud tradicional como es la caridad», según cuenta Antonio Rivera, otro historiador que además asistió como vicerrector a la transformación del antiguo edificio en la biblioteca central del campus.
Tres hombres ricos
Tres hombres ricos de la época, Juan Manuel Urquijo, Francisco Alday y especialmente Juan Cano -a cuya hermana Nieves se dedicó la calle de la residencia- unieron sus fuerzas para costear dos tercios de las obras. Otros como Ricardo Buesa y el Obispado donaron tierras. «Con una mano hacían dinero y con otra prodigaban caridad», dice Rivera.
Lo que ocurría detrás de aquellas magníficas paredes queda reflejado en los reglamentos de funcionamiento: «Asilar expósitos, huérfanos, desvalidos o impedidos para el trabajo y dementes de ambos sexos y pobres».
Para ese objetivo, la institución contaba con un capellán, un maestro, hermanas de la Caridad, nodrizas, médico, practicante, personal de oficinas, vigilantes del manicomio y un entramado de personal subalterno que convivían con los asilados y cuidaban de ellos.
Los niños siempre tuvieron una atención especial. Era una época en la que existía, por ejemplo, un torno con timbre donde se podía depositar un recién nacido. Esto, que en los tiempos actuales resulta casi inconcebible, era una práctica muy normal. Los hijos del asilo, los expósitos, a los que se daba una buena educación «paternalista» y formación profesional, han ocupado en Vitoria puestos destacados. A las mujeres, sin embargo, se las condenaba, como marcaban las pautas sociales de la época, a ser esposas, madres y amas de casa en el ámbito del hogar.
Loco, alienado, enfermo mental, la Psiquiatría no existía como ciencia cuando se abrió el pabellón del manicomio, separado del asilo y de la cuna de los niños. Cada palabra ha tenido un uso en el tiempo que ha evolucionado. «Yo recuerdo que para comer, los internos sólo podían usar cuchara para evitar agredirse ellos mismos o a los demás», asegura Alfonso Arzamendi, psiquiatra, que entró en 1972 en la ya rebautizada Residencia de Las Nieves. «Fue un momento de cambio total. Hasta ese momento, la atención psiquiátrica la daban tres médicos a tiempo parcial. Era encomiable la labor que hacían las Hijas de la Caridad y los auxiliares con los medios que tenían. Todo estaba en manos de las monjas. Los enfermos mentales ingresaban de por vida. No había personal y se trataba de que estuvieran tranquilos mediante medicamentos o celdas de aislamiento si fuera necesario. Desde entonces se abrió una posibilidad de reintegrarse a la vida cotidiana», cuenta Arzamendi.
Biblioteca universitaria
La implicación de las familias, los nuevos fármacos, la creación de una escuela de enfermería psiquiátrica, la llegada de médicos especialistas, algunos muy prestigiosos como José Ignacio Zuazo o Miguel Gutiérrez, revolucionó el viejo sistema de tratamiento de Las Nieves, que se transforma en un centro de referencia en España, recalca Arzamendi. Pero en 1994 el viejo asilo se abandona para transformarse en biblioteca universitaria. Seguramente, el edificio más visitado de Vitoria.