Al escuálido Karl Lagerfeld (está así por culpa de una tiránica dieta) tal vez se le haya torcido el gesto -aún más- al contemplar lo rellenita que se está poniendo Kate Moss. Lo de esta diva de las pasarelas ha sido salir de drogas y entrar automáticamente en carnes. No es que todas las 'tops' basen su generalmente exagerada delgadez en la ingesta de sustancias artificiales, pero está claro que, salvo algunos casos de genética escualidez, estar así de flaca tiene poco de natural.
Y, sin embargo, hacer régimen es lo normal para estas criaturas cuyos espigados cuerpos piden a gritos un bocadillo. Yogures desnatados, barritas hipocalóricas, litros de agua, fruta y refrescos rigurosamente 'light' es lo que puede encontrarse en la sala destinada a alimentar a las modelos en cualquier 'backstage' del mundo. Salvo que ese día desfile Elena Miró, marca italiana líder en tallas grandes.
«En nuestros desfiles ninguna modelo pasa hambre», proclama la diseñadora Elena Miroglio, máxima responsable de la firma, y mujer de talla normal. El pasado domingo, en plena tormenta mediática sobre las reducidísimas y preocupantes tallas inhumanas exhibidas en Cibeles, la pasarela de Milán se rendía a la generosidad de las curvas. Por primera vez en su 'backstage' se vieron bocadillos, leche entera, pastas, croissants y hasta vino...
El placer de la vida
«La tristeza y la seriedad está prohibida en nuestros desfiles. No forma parte de nuestra cultura», señala Mauro Davico, jefe de comunicación de esta firma italiana que lleva treinta años ocupándose de las rellenitas. «La nuestra es una filosofía positiva, alegre e irónica, a favor de una mujer que busca el placer de la vida y que se acepta incluso con algún kilo de más. Es la mujer mediterránea, un ser real, de carne y hueso, alejado de los estereotipos impuestos por cierto tipo de moda».
Las palabras de Davico toman cuerpo, y nunca mejor dicho, en la realidad de un casting que nada tiene que ver con los del resto de los diseñadores que han pasado por Milán, París o Madrid. Lo normal en una 'top' es medir casi 1,80 y pesar poco más de 50 kilos. Aquí, sin embargo, las modelos tienen la misma estatura pero pesan entre 75 y 80 kilos.
Y sus medidas están lejos del tópico 90-60-90. Los requisitos eran tener una talla de sujetador superior a la 100, unos 80 centímetros de cintura y entre 105 y 110 de cadera. Y aún así, a algunas de ellas hubo que aplicarles rellenos de gomaespuma para acentuar sus curvas.
Talla 46
La estadounidense Crystel Renn, con 75 kilos y una talla 46, se ha convertido a sus 19 años en musa de las rellenitas orgullosas de serlo. Y es que desterrar la obsesión por estar delgada tal vez sea el último peldaño a conquistar en la liberación femenina. El hecho de que Renn no sólo desfilara para Elena Miró, sino también, de forma excepcional, para Jean Paul Gaultier podría estar anunciando un tímido e incipiente cambio de rumbo en las pasarelas, dominadas desde hace ya unas cuantas décadas por la férrea dictadura de la androginia.
Conscientes de esa nueva realidad, algunos diseñadores españoles, entre ellos Adolfo Domínguez, han aumentado últimamente su sensibilidad hacia las mujeres corpulentas incorporando a su producción nuevas líneas orientadas a las tallas grandes.
Ya sólo falta que algún modisto con agudeza y buen juicio elija a Rosa López como imagen de su firma. Sus excelentes evoluciones sobre la pista de baile vienen a demostrar que la curva o redondez corporal puede ser ágil, sensual y, desde luego, bella.