Esta nueva película del versátil, y, al parecer, nunca del todo conocido y descubierto Stephen Frears, nos sitúa en el Londres de los albores de la II Guerra Mundial, y comienza con un funeral y la presentación de su desconsolada viuda. Pero, como comúnmente se dice, el dolor de viuda es como el del golpe en el codo: intenso pero breve; de manera que pronto esta madura y rica mujer, esto es importante, descubre que lo suyo no son las obras de caridad y decidirá rehabilitar un teatro. Es ésta, por lo tanto, una historia basada en los hechos reales que rodearon al teatro de variedades Windmill.
El guión desarrolla una trama entre dramática, cómica y musical sobre la relación de la Sra. Henderson y su director artístico, basada en los mutuos recelos, un cierto grado de seducción, el alejamiento y la consolidación de una gran amistad. Ambos, dispuestos a revolucionar el teatro, inventaron el 'Revudeville', mezcla de revista y vodevil, que cautivó a todas las clases sociales. Éste será el soporte fundamental para el lucimiento de sus dos grandes intérpretes, Dench y Hoskins, pues se muestran como extraordinarios actores en sus encuentros y diálogos.
La parte dramática viene servida por los bombardeos alemanes frente a los que el Windmill se mostró impasible, acudiendo a su cita diaria con los desnudos estáticos -condición impuesta por la censura del Lord Chamberlain-, que alegraron amargos momentos de la tropa en la víspera de su traslado al frente. La parte musical, deliciosamente montada, contribuye a un desarrollo que se asimila con agrado.