La otra medianoche, cuando ya todo el mundo había desertado de la pantalla, La 2 emitió 'Documenta2'. El argumento era verdaderamente llamativo: en plena guerra de las Malvinas, en abril de 1982, un comando argentino viaja a España para intentar volar buques de guerra británicos en Gibraltar. Más interesante todavía: el comando estaba compuesto por ex guerrilleros montoneros, perseguidos por la Junta Militar que gobernaba Argentina, pero reclutados por la Armada para tal fin. Etiqueta para la historia: 'Operación Algeciras'.
Era un documental reciente (de 2003) firmado por Jesús Mora Gama. Su estructura narrativa era convencional, pero eficaz y muy atractiva: hechos, testimonio, hechos, testimonio. Como la historia era fabulosa, el director podía ahorrarse los alardes: el espectador quedaba seducido desde el primer instante con la misma fuerza que en una película de intriga.
Los principales rostros del relato eran el buceador táctico Nicoletti, ex montonero, y el almirante Anaya, jefe de la Armada en aquel momento y responsable de la operación. Salió mal, todo sea dicho: los guerrilleros fueron detenidos en España y devueltos a Buenos Aires, eso sí, con mucho miramiento y hasta cordialidad. Es difícil saber qué habría ocurrido si la 'Operación Algeciras' hubiera salido bien. Pero la incógnita, a estas alturas, no hace sino dar más alas al relato, que merece ser llevado a la pantalla grande.
Aquella guerra ha quedado en la memoria argentina como una movilización popular y nacional en torno a algo por lo que valía la pena luchar, en un momento en el que la mayor parte de la población sólo veía motivos para la protesta, la subversión o la deserción civil ante los abusos de la junta militar.
Es verdad que la Junta promovió la 'toma' de las Malvinas como vía de escape de sus errores. Pero no es menos cierto que la guerra se perdió, que la Junta naufragó y que, pese a todo eso, los argentinos sacaron de aquel trágico lance una conciencia mucho más honda de sí mismos.