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Lunes, 6 de marzo de 2006
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POLÍTICA
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Rajoy promete sinceridad para rescatar al país de la aventura «errática» de Zapatero
El líder popular tiende la mano al Ejecutivo, pero para «corregir el rumbo, no para bendecirlo»
«Los españoles deben saber que aquí hay una persona que les va a decir siempre la verdad. Lo prometo. Lo juro». Con este solemne compromiso clausuró ayer Mariano Rajoy la convención del PP con la que pretende pasar página del pasado y dar paso a un nuevo proyecto político que le permita regresar al poder. El líder de la oposición se presentó como un dirigente fiable y sincero, al frente de una alternativa política «sólida» destinada a mejorar el bienestar de los españoles y rescatar al país del «marasmo de aventuras improvisadas» en que lo ha metido un «errático» Rodríguez Zapatero.
Rajoy promete sinceridad para rescatar al país de la aventura «errática» de Zapatero
CONVENCIÓN. Mariano Rajoy y Nicolás Sarkozy, enlazados con José María Aznar, son aclamados por los militantes del PP. / ERNESTO AGUDO
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Con calma y tono sereno, Rajoy desgranó la política del Gabinete socialista en todos sus aspectos para desacreditar su recorrido y sus efectos. Tanto en la organización territorial como en el terreno educativo, la lucha contra ETA o en el ámbito de la economía, las iniciativas del Ejecutivo le merecieron reproches, aunque dirigió todas sus invectivas contra el presidente. Le culpó de «legislar para minorías, revisar el pasado, dividir a los españoles, liquidar los consensos de la Transición, quebrar la política antiterrorista y debilitar al Estado». Dijo que «prefiere engordar los intereses de sus socios a proteger el interés general» y que está «más preocupado de los territorios que de las personas».

Sobre todo, enfocó sus críticas a socavar la credibilidad de su adversario para demostrar que el Gobierno que preside «carece de planes, no tiene proyecto, ni lo ha tenido, ni piensa tenerlo». Para completar esta descripción de un panorama de incertidumbre, aseguró que Rodríguez Zapatero «es imprevisible y quiere seguir siéndolo» porque se mueve por «un propósito particular» y no le interesa comprometerse con un proyecto determinado para «poder maniobrar y cambiar el rumbo según convenga». «Estamos ante una pura arbitrariedad al servicio de un interés privado», subrayó.

El antídoto

En una intervención más pensada para la audiencia de los telediarios que destinada a levantar pasiones entre los asistentes a la convención, Rajoy, se presentó como un político razonable, previsible, pacífico y fiable; o sea, el antídoto apropiado para superar los efectos de un presidente del Gobierno que «rompe los acuerdos» y «cambia de discurso cada mañana» en asuntos capitales.

Por su parte, confesó que «nada me hace más feliz que decir lo que pienso y hacer lo que quiero» y dijo que su partido representa una opción política asentada «desde la plataforma de las libertades, el pluralismo, la tolerancia y la concordia».

Intentó, sin disimulos, pescar en los caladeros del centro izquierda y salvó de sus descalificaciones y críticas a los votantes del PSOE que están disconformes con la política del jefe del Gobierno; en especial, con sus «aventuras» autonómicas. A estos «socialistas de buena fe», les ofreció ser «cauce de expresión en defensa de los principios que otros no han defendido».

Para fortalecer su imagen de hombre dialogante y tolerante, tendió la mano al Ejecutivo y le ofreció recuperar los acuerdos autonómicos y el pacto para la lucha contra el terrorismo. «Nadie ha deseado el acuerdo como yo, nadie lo ha solicitado tanto, nadie lo ha ofrecido tanto», insistió, para concluir que todo este esfuerzo «ha sido inútil» porque Zapatero «no quiere compromisos, al menos, con nosotros».

Una vez más, condicionó su pacto con los socialistas a un cambio de rumbo del Gobierno. «Si hemos de alcanzar un acuerdo, deberá ser para rectificar el error, no para bendecirlo», señaló, antes de plantear dos condiciones para abandonar las críticas a la política antiterrorista de Zapatero: que cumpla la Ley de Partidos, mediante la persecución de Batasuna, y demuestre lealtad al Pacto Antiterrorista diciendo que «no negociará nunca cuestiones políticas a cambio del fin de la violencia».

Un mitin frío

De no ser así, advirtió de que habrá oposición del PP en este terreno durante mucho tiempo. «Si se quejan de esto, van a tener quejas para rato», puntualizó. Explicó que hostiga al Gobierno por «dignidad» y «eficacia», puesto que cree que la búsqueda de la derrota de ETA es el único método para acabar con la banda. Hizo hincapié en que sigue esta línea de oposición porque se siente obligado a ello en coherencia con sus convicciones personales y los principios que siempre ha defendido su partido. «Lo siento, pero no puedo hacer otra cosa -se disculpó-, porque no me podría mirar a la cara a mí mismo».

El discurso de Rajoy dejó fríos a sus correligionarios. Después de la pasión y la visceralidad exhibida por Aznar en la apertura de la convención, muchos asistentes esperaban un mitin con más aristas y exhibición de liderazgo. Los primeros síntomas del desencanto se pudieron apreciar desde el principio de su intervención en el apagado repicar de los aplausos, lo que resultó chocante porque acababan de ser enfervorizados por los efectos de la vibrante oratoria del gaullista Nicolás Sarkozy. Cuando el dirigente popular llevaba 45 minutos hablando, aparecieron nuevas pruebas de desinterés en el goteo discreto pero constante de militantes que abandonaban el plenario.



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