Si hay algún grupo de edad con dificultades muchas veces insalvables para lograr una vivienda propia, ese es evidentemente el compuesto por los jóvenes. Con sueldos precarios, inseguridad laboral y rentas tambaleantes, los problemas para encontrar un acomodo laboral que les permita vivir a su aire sin depender de los papás son muchos y a veces insalvables.
La idea de duplicar en tres años la oferta de viviendas protegidas en alquiler puede suponer un principio de alivio para esos problemas aludidos, aunque quizá no sea la solución definitiva porque ninguna lo es. Se trata de proporcionar salidas a una situación desesperantemente estancada. Lo único que se precisa es estar inscrito en Etxebide y cumplir una serie de requisitos no del todo excesivos. Menos da una piedra, como dice el dicho.
Al fondo del cuadro sigue el mismo paisaje, el de los arduos trabajos que hay que emprender para lograr una vivienda digna en esta ciudad tan prometedora en tantas cosas y tan decepcionante en tantas otras. Esos 489 pisos previstos van a suponer una vía de escape, insuficiente pero útil. Algún día llegará la solución a un problema estancado desde hace siglos, si se me permite la exageración que a este paso no lo va a ser tanto, pero mientras está claro que es preciso hacer algo y hacerlo bien.
Un detalle de sensatez es el que propone don Gregorio Rojo cuando asegura que los alquileres previstos no deben hipotecar la capacidad de ahorro de los jóvenes. Ya sólo les faltaba eso a las nuevas generaciones: tener que sacrificar el futuro para enfrentarse al presente, operación que siempre sale mal y resulta muy traumática para todas las edades, diga lo que diga la Cigarra en su debate inmortal con la laboriosa hormiga.
Ignoro si todo saldrá como está previsto, pero espero que sí. Por lo menos 489 ciudadanos menores de 35 años tendrán un techo. Más o menos.