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Martes, 7 de marzo de 2006
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Isabel II y J.K. Rowlling
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La publicación de 'Harry Potter y el misterio del príncipe', la sexta entrega de la serie de ese niño mago que ha batido todos los récords de ventas de libros, genera muchas preguntas del mayor interés. Pero aquí limitémonos a hacernos una sola pregunta: ¿cómo vive la reina Isabel II el éxito de J. K. Rowling? Las medios de comunicación -y, sobre todo, los diarios y revistas económicos- nos dan, con inevitable frecuencia, el mítico dato de que, de los cinco volúmenes anteriores a 'Harry Potter y el misterio del príncipe', se han vendido más de trescientos millones de ejemplares en todo el mundo. En consecuencia, la fortuna de J. K. Rowling es ya superior a la de la mismísima reina del Reino Unido. Y, en este punto, hasta los republicanos más radicales de Izquierda Unida es de esperar que se pondrán en el lugar de la reina y tendrán que reconocer lo duro que es ser rey o, como en el caso de su graciosa majestad, reina. En principio, Isabel II, a estas alturas de su reinado, es de suponer que será una magnífica profesional. Por tanto, como reina, se habrá alegrado mucho del éxito de su súbdita. Esa ingente cantidad de millones en libras -dejemos de lado los millones en otras monedas- generados por la venta de libros, filmación de películas y la comercialización de tantos productos, son muy buenos para los británicos. Estos beneficios económicos han tenido que alegrar mucho a la reina. También la jefe del Estado -llamar a Isabel II jefa del Estado de la Monarquía parlamentaria británica queda quizá como gramaticalmente demasiado innovador para referirse a una reina - se habrá alegrado porque es un nuevo éxito de la literatura infantil del Reino Unido.

La literatura infantil y juvenil escrita en lengua inglesa bate récords mundiales de calidad literaria desde hace varios siglos. En el magnífico libro 'Los libros, los niños y los hombres' - publicado en Cuba por Editorial Gente Nueva-, Paul Hazard explica las razones por las que la literatura infantil británica les da a las restantes literaturas sopas con ondas del océano Atlántico. Los nombres de genios de la literatura como Stevenson, Carroll, Mark Twain y Rudyard Kipling, que han escrito en inglés auténticas obras maestras que han devorado con el mayor placer lectores de casi todas las edades, explican las bases en las que se asientan las espléndidas novelas de J. K. Rowling. A estos genios citados hay que sumar los nombres de Richmal Crompton, la autora que creó la serie de las aventuras del genial Guillermo, de Lewis, el autor de 'Las crónicas de Narnia', y de muchos otros autores espléndidos. Frente a esta amplísima nómina de genios de lengua inglesa que entusiasman a los niños y a los adolescentes ¿qué ha producido la literatura en español en el mismo terreno? Aparquemos la respuesta para no deprimirnos.

Y, volviendo a Isabel II, no olvidemos que, además de ser reina, y aunque parezca increíble, es también una mujer de carne y hueso y que, en consecuencia, como todos los descendientes de los primates, está sometida al imperio de tanto las nobles como las bajas pasiones. Aparquemos para otro momento las nobles pasiones y concentrémonos en las bajas que, según vemos en los culebrones televisivos, son las más interesantes. ¿Qué duro ha tenido que ser para esta egregia mujer -por muy reina que sea- tener que asumir el éxito de J. K. Rowling que -nunca insistiremos lo suficiente- es su súbdita! ¿No es una crueldad del destino que una vil plebeya de sangre roja, que, hace menos de diez años, estaba en el paro, haya logrado tan vertiginosamente una fortuna ya superior a la que ha logrado su graciosa majestad en más de cinco décadas de duro curro? Y a esta entrega de la reina a la fábrica regia hay que sumar el casi infinito trabajo de sus ancestros que, a lo largo de varios siglos, han puesto los cimientos de su actual fortuna. Y demos un paso más: ¿no es, además, una ignominia que J. K. Rowling se haya hecho rica ¿vendiendo libros!? ¿Qué dura puede ser la vida hasta para una reina!



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