José Antonio Camacho suele llevar la voz cantante. Se siente capacitado para hablar sin tapujos de todo lo que rodea al fútbol español. Es algo que ya se sabía, sobre todo teniendo en cuenta que dimitió de su cargo como entrenador del club de su vida, el Real Madrid, en plena pretemporada. No estaba de acuerdo en cómo funcionaba la entidad y decidió seguir sus principios deportivos, que no económicos.
Javier Irureta es más tranquilo. Desconfía algo más de la prensa, habla con más cautela, y sobre todo deja que otros opinen con más precisión para asentir o sonreir cuando está de acuerdo con lo que otros exponen. Siete años en La Coruña es un tiempo más que suficiente como para influenciarse de la idiosincrasia gallega.
Pepe Carcelén, como buen segundo entrenador que es, se mantiene en una posición secundaria. Muestra hasta cierto desinterés. Sin embargo, sus juicios de valor están avalados por la tranquilidad y el reposo que le otorga el no sentirse en la brecha mediática, en tener ese segundo extra para poder analizar mejor la pregunta y por lo tanto apuntar con más acierto en su respuesta.
Ayer estas tres personalidades compartieron mesa, experiencias, y sobre todo reflexiones en la conferencia que ofrecieron en Logroño por invitación de la Asociación de la Prensa Deportiva de La Rioja. Los tres técnicos, con currículos envidiables dentro de su profesión, repasaron hasta donde ellos quisieron todo lo que rodea al mundo del fútbol: sus encantos, sus banalidades, sus miserias y los motivos de su gran éxito social. Y lo hicieron desde la tranquilidad que les ofrece su tribuna de entrenadores contrastados.
Y quizás por cierto coorporativismo, en lo primero que incidieron fue en la figura tan especial del entrenador. Irureta le cedió la palabra a Camacho, que fue el primero en marcar la pauta de las intervenciones: sin tapujos y sin medias tintas; todo bien clarito.
«La profesión del entrenador ha cambiado en los últimos tiempos. Se ha acabado la etapa en la que los entrenadores tenían capacidad para tomar decisiones en relación a los jugadores que se querían fichar. Es una moda con la que no estoy de acuerdo, pero estoy seguro de que pasará y se volverá a lo que ha sido siempre esta profesión», comentó con cierto tono pesimista. Irureta también quiso defender la potestad de los técnicos. «Ahora los entrenadores han perdido hegemonía en su trabajo, ya deciden muy poco», dijo.
Inestabilidad general
Reconoce que su profesión les obliga a estar en el disparadero constantemente porque «somos los primeros que pagamos los errores de otros». Camacho argumentó que «cuando otra persona hace el equipo y los resultados no son buenos, el primero en ser destituido es el entrenador, que no ha hecho el equipo». Para el ex seleccionador, «uno de los grandes problemas del fútbol español es que hay personas que comparten el protagonismo del técnico, pero cuando las cosas van mal no acepta su parte de responsabilidad».
Y este punto es para Pepe Carcelén, «el motivo por el cual el fútbol español ha dejado de ser el mejor campeonato del mundo». «Hace cuatro años el fútbol nacional era el mejor con Irureta, Benítez, Del Bosque o el propio Camacho sentados en los banquillos de los mejores equipos de España. Ahora ya no lo están y se han perdido muchas cosas», añadió.
Camacho está convencido de que está situación cambiará porque los últimos acontecimientos en el Madrid demuestran que «para ser el mejor club del mundo hace falta ganar sobre el campo. No todo es dinero».