EL MILAGRO. Los milagros existen, y el que no lo crea seguro que no ha tenido la oportunidad de observar en la tele la canasta de Albert Oliver, jugador del Ricoh Manresa, el pasado sábado en Sevilla. Pocas veces se ha visto algo así, pues la combinación de dificultad en lo realizado y trascendencia por el resultado resulta difícilmente superable. El churro fue de aupa, no ya por el tiro en sí, sino porque a Oliver le llegó el balón de una forma rocambolesca, como a trompicones, a punto de irse fuera de la cancha. Vamos, que si intentasen repetir la jugada no lo conseguirían ni siquiera quitando a los adversarios de en medio. Fue una de esas veces que se posibilita la grandeza final al colocar al interfecto en una situación imposible.
Allí estaba Oliver, teniendo que controlar un balón que parecía vivo, en el aire, en una esquina más fuera del campo que dentro, y de allí salió el milagro. Las repercusiones van más allá de una simple canasta de extrema dificultad o de la sorprendente decisión de un partido igualado. Fue mucho más, pues andaban por Sevilla dos equipos metidos de lleno en la zona sufridora, donde una victoria vale un potosí.
La diferencia para el Ricoh entre el milagro y lo que hubiese sido normal es enorme, pues andaba ya escasísimo de oxígeno y lo mismo pero al revés se puede decir de los anonadados sevillanos, metidos de nuevo en problemas. Habrá que estar atentos a los efectos secundarios de una canasta que hubiese firmado el mismísimo Michael Jordan, sumo hacedor de milagros del baloncesto.
UNA DE FAROL. El Lagun Aro comenzó su cuesta de marzo, más parecida al Everest que al Gorbea, con una gran victoria ante Akasvayu. El ¿uf! de alivio se debió oír a muchos kilómetros de La Casilla, pues anda que no cambia la película para las próximas semanas. Dado que el equipo es de Bilbao y yo también, me van a permitir que, al menos por unas líneas, ejerza de farolín. Porque echando un vistazo a la clasificación, observo que a día de hoy estamos (fíjese el lector como utilizo una significativa primera persona del plural) a la misma distancia, dos victorias, del descenso que ¿de los playoffs!.
Soñar es barato y suele convertirse en el principio de la motivación. Además, en este caso el calendario pone fecha cercana al sueño. Una semanita, la que nos va a llevar al choque clave. El rival, acorde con el desafío. El Barça. Sí, es el líder y todo eso, pero por mucho liderato, su juego dista mucho de ser convincente. Preparemos las campanas para lanzarlas al vuelo en caso de victoria. Y si no, si se impone la lógica, pues a seguir con lo de siempre, la lucha semanal por la supervivencia. Pero reconocerán que la oportunidad de cambiar objetivos la pintan calva.
EL FRANCÉS GÉLIDO. Se llama Gelabale y esta semana fue 'cortado' en el Madrid por su entrenador, Bozidar Maljkovic. Ha sido una sorpresa, pues el francés fue una de las buenas noticias de la temporada pasada, pero de alguna forma lo tiene merecido, pues no se puede andar por la vida con esa apariencia de que por sus venas corre horchata en lugar de sangre. Resulta desesperante observar cómo, a veces, el talento y las capacidades no se acompañan con una predisposición adecuada hacia el juego. Igual estamos todos equivocados, pero lo que se trasmite con comportamientos como el de Gelabale (y no es el único) es, desde luego, poca pasión por lo que se hace. Recuerdo el concurso de mates de principio de temporada. Casi sin calentar se cascó dos acciones prodigiosas que le valieron el triunfo. Ni siquiera en un evento festivo se le vieron signos de vida. Pegó dos brincos de alucinar, recogió el cheque y se fue a su casa como si nada. Dicen que es que lo que le interesa es la NBA. Pues ya puede cambiar un poco el chip porque, si no, durará tres siestas. Más o menos lo que ha durado la paciencia de Maljkovic.