La reacción del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, a la decisión tomada el jueves por la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) de remitir el asunto de su programa nuclear al Consejo de Seguridad de la ONU no se hizo esperar. Ayer, el mandatario calificó esta medida de «injusta» y dijo que, en todo caso, su país no se siente obligado a abandonar su programa energético atómico. «Ahora comienza el tiempo del poder del pueblo», aseguró el líder ultraconservador.
Por su parte, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, subrayó, en una clara referencia a la polémica suscitada por el régimen de los ayatolás, que el ejemplo de Irak debería servir de recordatorio sobre lo que puede ocurrir cuando el mundo da la espalda a la diplomacia. Moscú, con poder de veto, puede ser determinante en cualquier decisión que adopte el Consejo de Seguridad.
«El pueblo de Irán no aceptará ninguna coerción ni decisión injusta por parte de las organizaciones internacionales», declaró Ahmadineyad, durante una visita a la provincia de Lorestán, al oeste del país. «Los enemigos no pueden forzar al pueblo a renunciar a sus derechos», añadió. En declaraciones recogidas por la agencia oficial IRNA, el presidente persa insistió en que «los iraníes no están acostumbrados a la intimidación y no se rendirán».
Mientras, Teherán ha propuesto a Ankara la realización en territorio turco del enriquecimiento de uranio y del tratamiento del combustible nuclear del país persa, según informó ayer el diario 'Yeni Safak'. «Nos da más confianza Turquía. Podemos discutir estas iniciativas. Para nosotros sería mejor que cualquiera de ellas fuese llevada a cabo en el territorio turco», declaró el embajador de Irán en territorio otomano, Firooz Dowlatabadi.