Dos políticos italianos que concurrieron hace un año a las elecciones de la región de Lazio -el líder del centro-izquierda y actual presidente regional, Piero Marrazzo, y Alessandra Mussolini, nieta del Duce- fueron espiados por agencias de detectives en busca de datos que pudieran desacreditarles y todo apunta que el encargo provino del entorno de su rival Francesco Storace, entonces presidente saliente y candidato del centro-derecha. Ahora es el ministro de Sanidad, puesto en el que fue recolocado en abril de 2004 tras perder esos comicios.
El escándalo, surgido a un mes de las elecciones generales, apareció ayer en los principales diarios italianos, que dieron noticia del arresto de 11 investigadores y quienes le pasaban información a cambio de altas sumas de dinero: tres mandos de la Policía y dos empleados de TIM, la principal compañía telefónica. El caso político ha sido el más destacado, pero esta banda también se dedicaba al espionaje industrial y hacía grabaciones telefónicas, por lo que puede tratarse sólo del principio de un venenoso serial. El primer ministro, Silvio Berlusconi, exigió ayer que se aclare «toda la verdad».
«Son calumnias»
Entre los 32 registros realizados está el de la oficina del brazo derecho de Storace, Nicolò Accame. Además, en el auto de la Fiscalía se relata cómo el hombre que espiaba regularmente a Marrazzo entraba con toda tranquilidad al final de la jornada en la sede del gobierno regional. Storace, miembro del segundo partido del centro-derecha, Alianza Nacional, rechazó las acusaciones con tono iracundo mientras se oían peticiones de dimisión: «Son calumnias, es sólo fruto de una inmunda campaña de prensa para arrojar fango sobre mí». El ministro admitió que su equipo electoral contactó una vez con la persona que seguía a Marrazzo, un tal Pierpaolo di Pasqua, titular de la agencia SSI y presunto jefe del grupo de espías. No obstante, Storace precisó que fue para encargar la inspección de sus teléfonos y locales «porque temíamos ser espiados».
Entre los afectados, la más indignada fue Alessandra Mussolini, por viejas rencillas con Storace -militaba en Alianza Nacional, pero decidió formar su propio partido para las regionales- y porque este asunto tuvo ya un prólogo en aquellos comicios. Mussolini fue acusada por Storace de haber presentado firmas falsas para su candidatura. Era verdad, pero poco después salió a la luz que Storace lo sabía porque alguien había entrado ilegalmente en la base de datos del Ayuntamiento de Roma. Al final en medio de un gran escándalo, con huelga de hambre incluida de Mussolini al serle prohibido presentarse a las elecciones, se autoacusó del delito un empleado del gobierno regional. Lo mejor es que ahora Storace y Mussolini son aliados en la coalición de Berlusconi.