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Confebask reprueba a Cuevas por dividir a «las víctimas empresariales»
El líder de la CEOE separa a «los perseguidos» de los que apoyan el proceso de paz
Confebask reprueba a Cuevas por dividir a  «las víctimas empresariales»
OTROS TIEMPOS. José María Cuevas y José Guillermo Zubia en un acto del SEA en 2002. / I. ONANDIA
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Unas controvertidas declaraciones del presidente de la CEOE, José María Cuevas, desencadenaron ayer un agrio enfrentamiento con la patronal vasca, el mismo día de la huelga convocada por la izquierda abertzale y cuando crece la inquietud entre los profesionales de la comunidad autónoma por la proliferación de las amenazas de ETA. En ese contexto, Cuevas estableció una distinción entre los empresarios que «se consideran perseguidos», a los que apoyó explícitamente, y aquellos que prefieren quedarse «ellos solitos» en defensa del eventual proceso de paz. Confebask salió al paso de unas palabras que tildó de «profundamente insolidarias» y «demostrativas de la nula sensibilidad» de su autor hacia «las víctimas empresariales». Su respuesta tuvo a su vez una derivada: el SEA alavés se desmarcó del comunicado por no haber sido consensuado previamente.

Ésta no es la primera ocasión en la que la Confederación vasca discrepa de las apreciaciones de Cuevas, cuya reciente reelección no avaló de forma expresa. Hace algo más de dos años, el responsable de la CEOE recibió un aluvión de críticas tras sugerir que «no pasaría nada» si el Estado suspendiera la autonomía vasca. Esta vez, no obstante, el rifirrafe adquiere un cariz más espinoso, dado que tiene que ver con el hipotético final de la violencia y con un asunto particularmente sensible para los industriales aludidos: la persistencia de las extorsiones de ETA.

El presidente de Confebask, Miguel Lazpiur, incidió ayer mismo en «el enfado» y «el despiste» que provocan en el colectivo las expectativas sobre la paz, cuando son ellos los que están «aguantando carros y carretas». Antes, en una entrevista en Telecinco, el director del Círculo de Empresarios, Enrique Portocarrero, instó a la izquierda abertzale a que conmine a ETA a dejar las armas y planteó que la sociedad salga a la calle a denunciar «esta práctica mafiosa». Junto a ello, aseguró que los profesionales se sienten amparados por las instituciones y reiteró el respaldo de su organización al Gobierno socialista «o cualquier otro» que intente buscar la paz.

«Un disparate»

Casi a la misma hora, el máximo responsable de la patronal española efectuó una lectura bastante distinta tanto de las esperanzas de paz alentadas, como del chantaje al que continúa sometiendo ETA a sus colegas vascos. En un desayuno informativo en el que dirigió duras críticas al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, Cuevas tachó de «disparate» el camino hacia la paz «en el que estamos metidos» y calificó de «terribles» sus efectos, porque ha provocado «la desmoralización de la sociedad, de los empresarios y de la actividad económica». Una reflexión que acompañó de la tesis de que el empresariado vasco «es muy complejo» y «muy difícil de tratar y analizar».

Él mismo estableció «dos grandes distinciones». A un lado situó a los industriales que «se consideran perseguidos» por ETA y que «tienen la valentía» de proseguir con su actividad; a ellos les trasladó «lógicamente» su «respeto, impulso y apoyo». Y en otro se encuentra, a su juicio, una «parte importante» que «ha estado y sigue estando absolutamente convencida de que el proceso» y «la búsqueda de la paz es lo mejor». Un grupo al que censuró por creer que lo que puede hacer la CEOE, «es decir los de Madrid, porque nos llaman así, es callarnos la boca y dejarles a ellos solitos».

La respuesta de Confebask, que representa a 13.000 firmas, llegó a través de una nota de prensa que replica con inusitada acritud unas «manifestaciones muy graves». Tras constatar su «total rechazo» y afear a Cuevas que «se atreva a dividir» a los empresarios «en dos bandos», la patronal vasca interpretó sus palabras como un gesto de insolidaridad y la evidencia de su «nula sensibilidad» hacia quienes, «día a día, viven en sus carnes la amenaza de la coacción, la violencia y el chantaje».

A renglón seguido, subrayó que lo dicho es más propio de «un portavoz político» que de quien «tiene la obligación de representar el sentir de un colectivo que sufre» y que, por lo tanto, «conoce mejor que nadie su realidad y lo que le conviene». Confebask redondeó su escrito reafirmando «la esperanza» que albergan todos los empresarios ante el posible proceso de paz y avalando «cuantas iniciativas exploren vías y alternativas para acabar definitivamente con la lacra injustificable del terrorismo».

Pasadas las nueve de la noche, la patronal alavesa se desmarcó de la nota por no haber sido consultada y eludió valorar las palabras de Cuevas por el riesgo de sacarlas «de contexto». Junto a ello, el SEA confió en que «cualquier persona de buena voluntad apoyará todos los esfuerzos» contra ETA, recalcó que los industriales precisan del arrope de la sociedad y de sus colegas españoles y abogó por no escatimar «ningún recurso legal» ante una presión de «tal magnitud».



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