Sergio Yahni nació en Argentina y actualmente vive entre Israel y Estados Unidos, pero la mayor distancia que tiene que recorrer habitualmente es la que separa a dos pueblos vecinos, hebreos y palestinos. Este judío, defensor de los derechos humanos, codirige el Centro Alternativo de Información, asociación mixta e independiente que pretende acercar a los tradicionales enemigos desde la divulgación de noticias, escritas y audiovisuales, de uno y otro lado. «La usamos para crear puentes y romper la dinámica de separación que domina el proceso político», asegura
En los últimos días se ha reunido en Bilbao con miembros de PTM-Mundubat, la entidad vasca que les presta apoyo, y ha explicado la situación a uno y otro lado del Muro. Según explica, hubo un tiempo en el que los habitantes de Cisjordania vivían sometidos, pero sin pobreza. Ocurrió antes de que un barril de aceite resultara más caro que otro similar de gasolina. «Muchas tierras fueron confiscadas, se talaron los olivos y frutales, el centro de su economía, y los controles militares han arruinado su industria», explica.
Hoy, el tráfico de mercancías y trabajadores se encuentra obstaculizado por la proliferación de puestos de control. «Hasta doscientos cuarenta entre ciudades importantes», señala. «No existe soberanía territorial». A su juicio, la red asistencial creada por las ONG ha impedido hasta ahora la ruina absoluta. «Sin ellas, Palestina se precipitaría en el caos, algo así como lo ocurrido en Sierra Leona o Liberia», advierte. «Estamos hablando de un polvorín hambriento». Según sus palabras, la respuesta de la comunidad internacional al nuevo gobierno resulta primordial para prevenir una guerra civil.
Comprar a los palestinos
La ayuda extranjera palía la miseria, pero, en opinión de Yahni, sobre todo alimenta la economía hebrea. «De cada euro se apropia de setenta céntimos en pago de servicios básicos y bienes», lamenta. «Europa podría pedir que con su dinero se compren productos palestinos o que se abran las fronteras para que pueda ampliar la oferta, lo que activaría su autosuficiencia, pero ha aceptado esta situación sin rechistar».
En opinión de Yahni, la actuación política de Europa es «completamente irresponsable» por su aceptación de las reglas de juego del gobierno de Tel Aviv. «No se le exige el fin de las ejecuciones sumarias, la estrategia de destrucción o el cumplimiento de las resoluciones de la Corte Internacional en lo que respecta al muro».
En su opinión, la cooperación de carácter económico también ha incurrido, frecuentemente, en otros errores, «no menos graves», al elegir a la sociedad civil como interlocutora y destinataria de su fondos. «Esta opción ha debilitado mucho al Estado en un ambiente donde abundan las milicias armadas, sobre todo en Gaza».
Burocracia inoperante
Para evitar los estallidos, la Administración judía ha generado una gran burocracia inoperante, objeto de duras críticas. «Pero es una actitud comprensible», apunta. «Se trata de una estrategia habitual en el Tercer Mundo para impedir el crimen cuando no hay recursos para la población».
Además, la destrucción sistemática de los cuarteles y prisiones ha permitido un aumento considerable de la delincuencia común. «Incluso se ha liberado a los presos para evitar que murieran en los bombardeos».
El activista demanda menos prejuicios y mayor interés de la opinión pública hacia la Autoridad Nacional Palestina. La generación de una infraestructura básica, la soberanía alimentaria y la sostenibilidad de su desarrollo son, a juicio de Yahni, objetivos básicos para impedir «que los europeos sigan pagando un conflicto sin fin».