Madeleine Albright, antigua secretaria de Estado norteamericana, expresó en algún momento con aire soñador y admiración indisimulada que «daría todo por tener la silueta de Condoleeza Rice». Mi reino por una estilizada figura, vino a querer decir la que ocupó un día el mismo sillón en el Despacho Oval de la Casa Blanca. A Madeleine la oronda, se la recuerda como una 'mamma' gorda trajinando en la cocina de la alta política; de acá para allá recorría el globo con las maletas a rebosar de tallas extras, y no se puede decir que fuera la báscula o la excesiva y desparramada curvatura física la que marcó su impronta en la esfera internacional. Hay que suponer que tenemos la cabeza redonda para que circulen las ideas, pero no está demostrado que existan sustanciales diferencias en las ideas a causa de las redondeces o la falta de ellas en los cuerpos serranos de un sexo y su contrario de quienes ostentan y personifican el poder.
¿Gobierna diferente un mandatario figurín que un obeso presidente? ¿Pueden los michelines y las grasas o el esquelético porte de los gobernantes influir, cambiar el destino de las gentes y el devenir de las naciones? No parece que el peso corporal afecte a la gravedad para escalar la cima de los gobiernos o caerse de ella. Tanto le cuesta subir a las cumbres políticas a una gorda como a una flaca, ambas, por cierto, han de sudar la gota gorda en mucho mayor grado que sus homólogos escaladores masculinos. No se ha visto en la Historia, que se sepa, que un barrigón poderoso o una poderosa dama gruesa fueran más sensibles al hambre de la famélica legión que representa una gran parte, una porción grande de paisanaje de este mundo redondo. Y con la misma velocidad y estampida suelen ser las caídas de los y las dirigentes de esférica y rebosante corpulencia, que los que gozan de medidas según ordenan los cánones de modélica silueta. Tampoco se sabe a ciencia cierta si gobernar adelgaza. Y después está la erótica del poder que funciona, sea cual sea la silueta. Hemos visto las imágenes de Condoleeza machacándose en el gimnasio mucho antes del alba, mientras tal vez Bush aún duerma. Acaso la pregunta sea: ¿cómo puede una mujer mantenerse en el poder y mantener la figura a la vez y no estar loca?