No se puede tener más contacto físico con aves vivas que el de Ivanka Hristova, una mujer búlgara que desde hace seis años alimenta mañana y tarde, y uno a uno, a 800 patos mulard en una granja de Zúñiga, la villa navarra, patria del carbonero Tasio, que el realizador Montxo Armendáriz elevó a categoría de héroe cinematográfico.
Ivanka, vestida con buzo, gorro, botas y guantes, coge por la cabeza a estos híbridos estériles, mezcla de mandarin y barbarie, traídos de Francia, y les embucha con un grifo una mezcla de maíz y harinas. Aquí engordan cada 3 meses a unos 100.000 ejemplares, todos machos y mudos -no hay ser humano que aguante un ejército de patos graznando-, que luego serán sacrificados y transformados en foie gras y otras delicias de la marca Martiko. Ivanka y su marido Veselin Matesanov, que transporta el recipiente con la comida aseguran que la máscara asfixia. ¿Miedo? «Sí, claro, pero estamos más pendientes que antes si alguno sangra o se pone enfermo», asegura Veselin.
Desde el pasado día 24 de febrero, esta planicie en la muga con Álava está considerada por el Gobierno de Navarra como área de especial vigilancia. «Controlamos los vehículos que entran y salen, se toman muestras de sangre, se han tapado comederos y bebederos exteriores y recibimos constantes visitas de los veterinarios», explica el ganadero navarro y propietario José Javier Remón.
Primera zona especial
Algunos de los 'parques' donde crecen unos 30.000 mulard están situados en terrenos de Álava. Un hecho que ha movilizado a la Diputación foral que estudia la declaración de zona de especial vigilancia, la primera del País Vasco. La granja ya ha recibido la visita de los veterinarios vascos, aunque todavía no se ha tomado ninguna decisión.
La gripe no ha llegado aún a las instalaciones repartidas en las más de 300 hectáreas que rodean el pueblo de Zúñiga. Sus vecinos se quejan especialmente en verano del desagradable e intenso olor a estiércol producido por tantas aves. Pero la fiebre mediática ha llegado hace tiempo y comienza a hacer mella en el ganadero, su familia y sus 50 trabajadores, que hacen piña para que no se vea afectado el negocio. «Gripe no hay. La crean los periodistas. Cuanto más se hable de esto, peor para nosotros. Nadie sabe el daño que se nos hace. Ya hemos notado el descenso de pedidos y aún no ha ocurrido nada», señala Remón, que se queja de la falta de rigor de algunas informaciones.
Para curarse en salud y gracias a una reconversión prevista anteriormente, el ganadero cerrará temporalmente la granja de Zúñiga y trasladará toda la producción de engorde a sus nuevas instalaciones de Los Arcos. «En dos meses no dejaremos aquí patos. Las naves nuevas nos permiten tenerlos confinados y en una situación adecuada para combatir la gripe aviaria», añade. En Francia, primer productor del mundo de foie gras han optado por vacunar a todos sus patos de granja.
Una bandada de palomas torcaces cruza el cielo por encima de la granja de Zúñiga. Van muy altas en dirección Norte. Las rapaces merodean los parques de patos que deben engordar al aire libre. El encargado explica que van a por los ratones de campo que abundan cuando hay comida. Sólo al final de sus 105 días de vida viven enjaulados los mulard. 18 días en los que se les da de comer unos 12 kilos de pienso para conseguir la deformación del hígado
400 análisis
La gripe aviar no ha llegado tampoco a las demás granjas domésticas vascas, ni a los parques urbanos. «Los análisis han aumentado. Ayer se habían superado las 400 muestras de aves silvestres, un centenar todavía sin testar, que se han llevado a cabo en el País Vasco», confirmó un portavoz del Departamento de Agricultura del Gobierno vasco. No existe otra comunidad con un nivel tan alto de controles, indican desde Lakua con el fin de tranquilizar a una población que salta cada vez que las informaciones son más cercanas. «Los días laborables y el mal tiempo hacen que las llamadas de los ciudadanos bajen. Con buen tiempo y en fin de semana, habrá trabajo», asegura Ana Díez, veterinaria de la cooperativa Abeltzain, encargada de efectuar muestreos y recoger cadáveres de aves.