Es tiempo de cortejos en las balsas de Salburua, el más importante humedal natural interior del País Vasco. El macho del pato cuchara juega con la hembra a provocar el 'efecto desagüe'. Giran sin parar para crear un remolino del que sacan con su pico, tras filtrar el barro, plancton y otros invertebrados. Es su especial forma de pesca, tan singular como su danza nupcial: subir y bajar la vistosa cabeza verde como en un gesto de pleitesía.
A Luis Lobo, técnico encargado del recuento de las mil aves que suelen invernar en estas 200 hectáreas de lagunas y bosques, situadas a 2 kilómetros del corazón de Vitoria, le gusta tanto o más que la danza del cuchara las cabriolas del azulón. «Es un pato que saca pecho para impresionar a la hembra. Cada especie muestra una particular forma de seducir. Este es el tiempo más bonito porque las aves tienen el plumaje del celo, que es el más vistoso. A medida que pasen los días, las parejas se juntan para hacer el nido y luego se relevarán en la incubación», cuenta este ingeniero y ornitólogo.
Preguntas
Pero en este ambiente sosegado, la amenaza de la gripe aviar está muy presente. Astrid Lili, llodiana de 30 años, guarda y bióloga, lleva siempre su kit antiaviar con la mascarilla, los guantes, las bolsas de plástico y el rotulador. «Estamos alerta, pero aún no hemos descubierto ni un solo cadáver. La preocupación es evidente en los visitantes. Nos hacen muchas preguntas», subraya Astrid.
Más allá de la gripe aviar, la vida continúa y se prepara para estallar en la primavera. El humedal es un mundo cambiante. Estos días se esperan las primeras golondrinas que regresan de su invernada en África. Su viaje es uno de los más largos. Pueden hacer en un año la distancia de Gran Bretaña a la república de Sudáfrica. Allí se juntarán con miles de ejemplares procedentes de Siberia que cruzan por Irán y Arabia Saudí.
A las pioneras golondrinas que cantan los poetas le siguen los milanos negros abriendo un período de continuas llegadas. Las rapaces, las anátidas, todos llegarán poco a poco. «No creemos que haya riesgo con los pájaros pequeños como los ruiseñores. Si se contagian es imposible que hagan un viaje tan largo», aclara Lobo, que cree que hay más peligro en las aves que viajan en aviones o barcos, vía comercio.
La cerceta carretona es de las primeras acuáticas en llegar. Su nombre está en la lista de las 14 que son vigiladas de forma especial dentro de los protocolos contra la gripe aviar. Está también entre los 5 millones de aves que superan cada año los 2.200 kilómetros del desierto del Sáhara por corredores aprendidos desde hace 15.000 años, el tiempo que las aves llevan emigrando, acuciadas no tanto por el frío o el calor como por la búsqueda de alimentación.
Santoña y el riesgo
A Lobo, le entusiasma la carretona. «Es un ave amenazada que viene a criar a Salburua y a Girona. Escasísima. Pero está en la lista negra aviar. Controlar las aves silvestres es una locura. Existen 5.000 millones», dice. Una de las preguntas habituales de los visitantes es por qué Salburua, Ullíbarri, Txingudi o Urdaibai no se declaran zonas de riesgo como sí ha ocurrido en Santoña o Doñana. «Es una cuestión de cantidad. Las aves que utilizan los humedales son las mismas» añade Lobo.