«Estoy en el desempleo y no tengo recursos. ¿Cómo puede ser que el Ayuntamiento no me conceda la renta básica?», se pregunta Luis Carmona, de 45 años. Y se responde: «Por animadversión». Y es que «me he significado dentro de Txiroekin Bat Eginik», la plataforma de lucha contra la pobreza. Este vitoriano de Abetxuko ha decidido acudir a los tribunales, una vez que el Síndico ha instado -sin éxito- al Consistorio a pagarle el ingreso mínimo de inserción (IMI), cifrado en 505 euros al mes.
Su pelea con el Departamento de Intervención Social arrancó hace medio año. En septiembre, acudió a la trabajadora social de base a solicitar el IMI -renta básica- y las ayudas de emergencia social. El Consistorio se los negó al opinar que podía incurrir en un posible fraude de ley. El hecho de que llevara años sin inscribirse en el Inem y de que hubiera vendido un piso a un hermano en sólo 49.884 euros infundieron unas sospechas que el Defensor del Vecino cree que no pueden servir de razonamiento para negar las prestaciones.
Luis Carmona no tiene reparos en explicarse. Entre 1985 y 1993 trabajó para el Instituto Foral de la Juventud como operario de mantenimiento en la isla de Zuaza. Problemas de salud le obligaron a dejar el empleo. Por esas fechas se había comprado un piso de segunda mano con ayudas del Gobierno vasco, lo que lo convertía en vivienda protegida. Entre 1994 y 1998, percibió prestaciones sociales, pero le fueron retiradas «por un desencuentro con el Ayuntamiento debido a que no entré en una bolsa de trabajo». En ese momento vendió la casa para subsistir «a un precio inferior al del mercado». Es más, Carmona detalla que sólo le quedaron 36.000 euros, porque el resto tuvo que destinarlo a terminar de pagar la vivienda.
Subsistencia
En este tiempo, ha estudiado «todas las lenguas del Estado». Puede manejarse en euskera, catalán y gallego, además de francés y portugués. Esto le ha permitido hacer trabajos esporádicos que le han servido para estirar sus ahorros, de los que ha vivido estos años y gracias a que «siempre he compartido casa con otra gente». Pero se han acabado y ahora Carmona subsiste gracias a «que me ayudan familiares y amigos. Vivo de prestado», resalta. Aunque hasta hace unos meses no haya figurado en el Inem, «me he movido para tener trabajo, pero ahora no encuentro salida», defiende.
Por ello reivindica el salario mínimo. «¿Por qué el Ayuntamiento me niega un derecho que existe en Euskadi desde 1989 para todas las personas sin recursos?, ¿cómo es posible que digan que diseñé en 1998 un plan para cobrar las ayudas en 2006?», se pregunta. Y contesta: «Por animadversión».