El director de los servicios secretos militares italianos, Nicolo Pollari, presentó ayer su dimisión tras la publicación de informaciones que le vinculan a la trama de espionaje a políticos destapada esta semana. Se trata de la segunda renuncia causada por el escándalo en 24 horas, tras el abandono el viernes del ministro de Sanidad, Francesco Storace. No obstante el primer ministro, Silvio Berlusconi, no aceptó ayer la renuncia de Pollari y pese a reconocer su «gran sensibilidad» le invitó a continuar en su puesto «sin hacer caso de iniciativas de la prensa con evidentes fines instrumentales», dice una nota oficial. Según reveló ayer Storace, Berlusconi también quiso rechazar su renuncia el viernes, pero él se negó «porque para un hombre de derechas es más importante el honor que la carrera».
En cualquier caso, el escándalo ya es protagonista de la campaña electoral y amenaza con ir a más a un mes de los comicios generales del 9 y 10 de abril. Saltó el miércoles como un caso de espionaje del equipo de Storace a sus rivales en las elecciones de Lazio (la región de Roma) en abril de 2005, pero algunos diarios insinúan que se puede seguir tirando del hilo. 'La Repubblica', segundo periódico nacional, titulaba ayer 'Las sombras del escándalo sobre el SISMI' un artículo en el que, partiendo de la implicación de policías, llegaba a apuntar al director de la entidad, Nicolò Pollari, a través de una cadena de relaciones de amistad y jerarquía. La teoría es que este caso sería sólo la punta del iceberg. Lo curioso es que pese a estar presentada de forma nebulosa, sembrando sospechas sin aportar datos concluyentes, ha sido suficiente para empujar a la dimisión a Pollari.