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Domingo, 12 de marzo de 2006
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Michelle Bachelet toma posesión como primera presidenta de Chile
Más de doscientos mandatarios de todo el mundo respaldaron a la popular nueva dirigente socialista
Michelle Bachelet toma posesión  como primera presidenta de Chile
PASEO TRIUNFAL. Michelle Bachelet saluda a la multitud tras la ceremonia de investidura. / AP
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Con una ceremonia solemne, pero al mismo tiempo alegre y emotiva, la socialista Michelle Bachelet, una doctora de 54 años, separada y con tres hijos, asumió ayer la presidencia chilena. Vestida de traje blanco, la nueva jefa de Estado saludó a mandatarios y ministros de más de 200 países. «¿Prometéis desempeñar fielmente el cargo de presidenta de la República y guardar la Constitución y las leyes?», le preguntó el senador y ex presidente Eduardo Frei (1994-2000), encargado de tomar el juramento. Respondió sin llorar, pero con los ojos húmedos: «¿Prometo!».

El edificio del congreso en Valparaíso irrumpió en un largo aplauso y vivas de familiares y amigos a 'Michelle'. Enseguida, el presidente saliente, Ricardo Lagos, se quitó la banda tricolor y la entregó a Frei, que se la colocó a Bachelet. Fue entonces cuando la nueva jefa de Estado se fundió en un largo abrazo con Lagos (2000-2006).

Bachelet se volvió una figura popular durante la gestión del presidente saliente, que la designó primero ministra de Salud y luego de Defensa. Desde este último puesto, que nunca había sido ocupado por una mujer, la dirigente, detenida durante la dictadura de Pinochet (1973-1990), mostró carisma y liderazgo. Bachelet es hija de un militar asesinado durante el régimen.

Los actos del traspaso de poderes comenzaron la víspera, cuando llegaron a Santiago los primeros visitantes ilustres. El príncipe Felipe de Borbón fue el primero. Luego arribó la presidenta de Nueva Zelanda, Helen Clarck; el presidente de Sudáfrica, Thabo Moeki; el mandatario electo de Haití, René Préval; el vicepresidente de Cuba, Carlos Lage: la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice; y la gobernadora general de Canadá, Michaelle Jean.

Más tarde se sumaron los vecinos. El presidente de Argentina, Néstor Kirchner, el de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, el de Uruguay, Tabaré Vázquez, el de Perú, Alejandro Toledo, el de Bolivia, Evo Morales, el de Venezuela, Hugo Chávez. Los invitados trasladaron a Valparaíso, una ciudad-puerto situada a orillas del océano Pacífico y 110 kilómetros al oeste de Santiago. Allí instaló Pinochet la sede del Parlamento, donde se realiza tradicionalmente el cambio de presidente.

Como una novia

La ceremonia comenzó sin la principal protagonista. El senador Frei, elegido la víspera como presidente de la Cámara Alta, fue el encargado de leer la proclamación de Bachelet, elegida por mayoría en segunda vuelta el 15 de enero. Una vez cumplido ese paso, la presidenta electa fue invitada a entrar en el recinto y lo hizo como una novia que va camino al altar. Vestida de blanco se trasladó por un largo pasillo que se abría entre las dos alas, saludando con la mano y la cabeza hacia ambos lados y hacia las tribunas que la aplaudían y daban vivas. Luego vino el juramento y la entrega de los atributos. Finalmente, fue Lagos el que salió por el mismo pasillo en medio de aplausos y gritos de aclamación que respondió con los dos brazos en alto.

Cuando se retiró, Bachelet tomó juramento a todos sus ministros, un Gabinete que, tal como había prometido en su campaña, se caracteriza por la equidad de género y la incorporación de figuras nuevas en la política chilena. Acompañarán a la nueva gobernante 10 mujeres y 10 hombres cuya primera prueba será cumplir con las 36 metas principales que fijó la mandataria para los primeros 100 días.



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