«El miedo en el ser humano es escurridizo, difuso, difícil de precisar, de ahí que para superarlo debamos descubrir la motivación en nuestra vida, la otra cara de la misma moneda». Como en el caso del colesterol, Pilar Jericó asegura, además, que existe un tipo de temor positivo y otro, en cambio, de carácter tóxico. «El primero es necesario y equilibrante, es el que nos impide hacer o decir tonterías, como contarle al jefe lo que realmente pensamos de él, mientras que el segundo resulta peligroso porque nos paraliza». Esta doctora en organización de empresas y especialista en el desarrollo del talento hablará de las maneras de vencerlo en un nuevo encuentro de el Aula de la Fundación Vocento que tendrá lugar mañana en el Salón El Carmen de Bilbao. «Es imposible mejorar como profesional sino cambias como persona, porque los lastres que se acumulan en la vida personal, los aprendes y los trasladas de forma directa al medio laboral», advierte.
La conferenciante ha publicado recientemente un libro sobre la filosofía 'NoMiedo', pensamiento que preconiza el reconocimiento de estas angustias como paso previo para hacerlas frente. El fracaso, la pérdida de poder o los problemas económicos son algunas de las más frecuentes. «Llámalo respeto o estrés, pero admite que tienes miedo y asúmelo». En su esquema de acción, el siguiente paso es identificarlo. «Encontrar aquél que más me daña y aceptar lo que nos ocurre». La última fase requiere una acción de compensación. «Has de anclarte en la motivación que te mueve en el trabajo o en otra empresa particular. Si es la realización de un buena labor, esforzarte en conseguirla, y, aunque no eliminarás los complejos, sabrás combatirlos».
Aunque acepta que este esfuerzo se acrecienta para el trabajador de firmas muy jerarquizadas, la responsabilidad última es personal e intransferible. «Las circunstancias condicionan, pero no podemos culpar siempre a los demás, ya sea el padre o el director de la compañía». En su opinión, el autoengaño justifica muchas conductas. «Nos buscamos excusas para no movernos, nos mentimos descaradamente y decimos que preferimos hacer las cosas muy bien antes que de una forma mediocre para justificar nuestra pasividad».
Tampoco se reduce al ámbito laboral porque el miedo al cambio se produce en todas las esferas del individuo, incluso en las sentimentales. «Cuando alguien se enfrenta a una relación de pareja que no va bien, te llenas de recelos». Ante la tesitura de mantener el penoso estado de cosas o encarar la crisis, surgen las dudas. «Nos manifestamos proclives a no cambiar. ¿Total!, pensamos, ¿para lo que hay afuera! En cambio, el 'NoMiedo' te dice que debes aceptar el pánico a la soledad, está ahí, es cierto, pero que no te impida ver el futuro, que lo construyes tú».
Zozobra permanente
No obstante, Jericó defiende que la implantación de sus postulados desde las altas esferas empresariales genera un mayor impacto. Frente a su eficacia, la tradicional estrategia de la zozobra permanente, de la inseguridad sobre el futuro, frecuentemente aplicada desde la gerencia de las firmas, no aporta buenos resultados. «Esa presión puede incentivar en ciertos momentos, pero, ante una presión tremenda y continuada, los trabajadores buscan otras artimañas para salir adelante», arguye. «Si quieres creatividad, deja funcionar, concede libertad».
A ese respecto, recuerda que los buenos directores siempre son recordados por la falta de controles. Según indica, el mejor gestor es aquel que cuida los logros finales pero concede margen de acción; es «quien te permite exponer el proyecto como desees, el cierre de balances como consideres más adecuado», señala. «Lo más importante es que genera confianza en las personas y desarrolla tu potencial».
El líder que sigue estos nuevos parámetros también ha de facilitar la comunicación interna frente a la opacidad de la información, otra táctica habitual en el medio empresarial. «Se alega que no se habla para preservar secretos, lo que es mentira», denuncia. «Nos desenvolvemos mal en la incertidumbre y, cuando no sabemos, imaginamos, por eso se propagan tantos rumores en el entorno laboral».
A menudo, la conducción más férrea revela un mecanismo de defensa, un termómetro de miedos que el sujeto pretende esconder. «Es un signo de su propia debilidad», alega. «Los muy inseguros recelan de todos y de todo». Su experiencia en la formación de ejecutivos le ha demostrado esta situación de precariedad: «Pero no se habla, es tabú», revela.
Esa ley de la selva aparentemente ligada a la vanguardia y el éxito también es puesta en tela de juicio. «He trabajado de cerca con grandes directores y he comprobado que son muy luchadores, pero que no están pendientes de quien está al lado. Ellos van por su propio camino».
Si bien apunta que la competitividad es buena, considera que la eterna comparación y la falta de relajación acaban por convertirse en factores muy dañinos. «Se promueve la idea de que no somos insustituibles, ese concepto de usar y tirar trabajadores». A su juicio, se trata de un concepto desastroso para la organización. «Porque las personas aportamos cuando nos sentimos motivados, no cuando se nos hace creer que cualquiera puede llevar a cabo nuestra función».