Mariza cautivó anoche al público reunido en el Kursaal de San Sebastián con su visión renovada del fado, canción tradicional de las barriadas lisboetas considerada la manifestación más profunda de la saudade, ese sentimiento de tristeza agridulce y serena nostalgia heredado del pasado marinero de la patria de Pessoa y Camoens. En la estela de Dulce Pontes y Misia, Mariza ha terminado por convertirse no sólo en la máxima renovadora del género, sino en la cantante portuguesa con más proyección internacional.