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Lunes, 13 de marzo de 2006
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ÁLAVA
El reino de Liliput
José María Ruiz de Arcaute entretiene su jubilación con maquetas en poliespán de numerosas iglesias alavesas, verdadero arte en miniatura
El reino de Liliput
EL AUTOR posa con su reproducción de la catedral. / EDUARDO ARGOTE
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EL PERSONAJE

EL PERSONAJE
Lugar de nacimiento: Durana.

Residencia: Vitoria y Durana.

Edad: 73 años.

Profesión: Jubilado con 63 años después de trabajar en la construcción y en la jardinería.

Peculiaridad: Ha hecho maquetas en poliespán de iglesias como Armentia, Santa María, Ullíbarri-Gamboa, Arróyabe, Mendíbil, Amárita, Zurbano, Retana y todo el pueblo de Durana.

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José María Ruiz de Arcaute aparece con una caja que contiene la reproducción a escala de la basílica de San Prudencio. La primera impresión visual es muy buena; al contemplar los detalles trabajados en el poliespán resulta excelente. Nació en Durana hace 73 años y al aproximarse la jubilación este hombre inquieto y curioso sintió la necesidad de cubrir el ocio. «Me daba pena ver a algunos amigos que no sabían qué hacer. No me gusta ir a los bares por sistema para echar la partidita o estar con el porrón mañana y tarde».

La cuestión era encontrar el modo de rellenar el tiempo con alguna actividad satisfactoria. «Nunca hubiese creído que yo iba a tener la paciencia para hacer esto». Se refiere a las maquetas de tantas iglesias como ha construido con la habilidad manual y unas herramientas simples. «Si hasta para hablar soy un poco nervioso», afirma José Mari, asombrado por su mejor pulso en el reino de Liliput.

«Me piqué con la exposición de belenes en El Carmen. Fui a unos cursos que organizaba la asociación de belenistas y desde entonces construyo en poliespán». Empezó hace quince años con figuras navideñas y saltó después al arte eclesiástico. ¿Por qué? «Soy un enamorado de la piedra, me parece más vistosa que una pared blanca». Desde entonces empezó su carrera: catedral de Santa María, Armentia y los templos en el entorno de Durana como Ullíbarri-Gamboa, Arróyabe, Mendíbil, Amárita, Zurbano y Retana. Para la catedral vieja invirtió año y medio; acabar la obra magna, nada menos que todo su pueblo natal, cuatro.

Turno de fábrica

Su temporada alta de trabajo se concentra en los meses grises, fríos y lluviosos que abundan en Vitoria. En esas tardes plomizas se pone a la labor hasta el punto de que necesita acotar su entusiasmo, «las doce de la noche». Hay jornadas en que le sale un turno de fábrica, pero él se muestra encantado porque no rinde cuentas a nadie.

«Lo de las maquetas es lo más bonito de mi jubilación. Es el ideal, ¿no? Hacer lo que a uno le gusta sin que nadie te exija nada». Es tal su pasión que recomienda inocularse el virus. «Animo a mucha gente a que se busque una afición porque no sabemos hasta dónde podemos llegar cuando nos proponemos algo».

José Mari expone todos los años en su pueblo, donde el belén crece cada Navidad gracias a sus desvelos. Y no deja fotografiar su reproducción de San Prudencio por una cuestión de respeto. «Lo voy a enseñar en la Fundación Mejora y no me parece bien que se vea antes».

Utensilios y técnica

José Mari cuenta con enseres modestos: una maquinita para cortar el poliespán, un buril con el que cincela la piedra de las paredes, un soldador cuando necesita marcar más los relieves, el cúter para imitar las tejas, maderitas, alfileres que simulan forjados en las ventanas... Y pintura plástica con el fin de matizar los distintos tonos de las piedras.

Donde le han dejado los planos ha obtenido la escala para respetar lo más fielmente posible las proporciones. «Pero en los pueblos no los hay, así que subía a la torre y echaba la cinta métrica». José Mari ha vuelto en muchas ocasiones a las iglesias para escudriñar todos sus detalles. Cree que en Santa María, su obra predilecta, habrá estado «veinte o treinta veces». «La catedral es la que más me ha costado y de la que más orgulloso estoy porque he intentado sacarla lo más parecida posible».

Este hombre, dedicado en su juventud a la construcción y buena parte de la vida laboral a la jardinería, mantiene sus proyectos de futuro. Está terminando San Prudencio «por dentro» y después acometerá «Estíbaliz y todas las iglesias que pueda de Álava». Si la vida se mide por entusiasmo incrementará notablemente su producción de maquetas. Seguro.



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