El arquitecto Antonio Fernández Alba, uno de los intelectuales más destacados de las últimas décadas, ingresó hoy en la Real Academia Española con un discurso en el que reflexionó sobre la metrópoli contemporánea y destacó la importancia que las palabras tienen para poder interpretar el acontecimiento de la nueva ciudad. «La ciudad es, sin duda, lugar y residencia de la palabra», dijo este «sembrador de formas, imágenes y espacios», como él mismo define a los de su profesión, en un discurso de alto contenido filosófico y en el que aplicó una mirada melancólica hacia ese modelo de ciudad «que pudo ser y no ha sido».
Fernández Alba, primer arquitecto que ingresa en la RAE, siempre ha aspirado en su dilatada trayectoria «a proyectar y edificar la arquitectura como un acontecimiento de expresiva carga poética», y de esa carga impregnó también su discurso, como cuando se refirió al sillón que va a ocupar en la Academia, el 'o' minúscula.
«Su grafía cerrada responde a la de una geometría de proporciones democráticas desde el centro a los límites de su periferia: su círculo protege y defiende el 'demos', recorre la sonoridad de los sentidos -'tacto', 'visión', 'sabor' y 'oído'-, describe con su repetición el drama del dolor humano -'holocausto'- y atrapa, con su encanto, la palabra más bellas de las miradas del ser, 'amor'».
Fernández Alba, que también es académico de Bellas Artes, tuvo palabras de elogio para su antecesor en la RAE, Ángel Martín Municio, primer catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense, muerto en 2002.