Luis Lizasoain tiene una percepción muy reciente y real de lo que ocurre en los colegios vitorianos. Acaba de elaborar un estudio a petición del Ayuntamiento acerca de los programas formativos que el Consistorio oferta a los centros -itinerarios históricos por la ciudad, salidas a conciertos y teatro...- y ello le ha dado oportunidad de establecer comunicación con 56 colegios, 3.000 alumnos y 500 profesores. Destaca una percepción: «Los profesores están preocupados porque algunos padres han dimitido de su responsabilidad educativa».
-¿Qué papel cumple la oferta municipal de programas culturales para los centros educativos?
-En la mayoría de los centros cubren unas necesidades que no atienden otras instituciones, sobre todo en los recorridos histórico artísticos que se hacen con los chavales y en la expresión artística.
-La valoración para la comunidad educativa es positiva, como se ve en su estudio. ¿Qué es lo destacable?
-En primer lugar, que todos los programas tienen resultado positivo. Los estudiantes que participan en ellos atesoran más conocimientos y más destrezas, y se mejora también su actitud frente a la música, el teatro o el arte. Y además hemos detectado que los programas funcionan mejor allí donde son más necesarios, en los centros que tienen un nivel sociocultural más bajo.
-Se ha analizado el grado de conocimiento de los escolares acerca de su ciudad. ¿Qué nota sacan?
-Buena. Conocen la Vitoria medieval, neoclásica... Algunos llevan a sus padres el domingo a enseñarles la catedral, el Casco Viejo o aquello que han visto en el itinerario histórico que han hecho con el colegio, lo que es una grata sorpresa.
-Han estado en estrecho contacto con los colegios para este estudio. ¿A qué problemas se enfrentan?
-Sobre todo, destacan la inmigración. En muchos centros se vive como un problema, y en otros como un problema y una oportunidad, aunque son los menos. Necesitan ayuda y contenidos, más recursos y personal para ayudar a los extranjeros que desconocen la lengua o que presentan retraso académico al llegar a aquí.
-¿Viven de cerca esta ola de agresiones entre menores?
-Están preocupados, pero sobre todo por la dimensión pública que se da a estos casos. Los problemas son los de siempre, según los profesores, pero ahora son más visibles y tienen mayor repercusión. Y eso les preocupa porque todo se magnifica.
-¿Qué opinan de la implicación de los padres en la educación?
-Muchos profesores coinciden en que las familias a veces dimiten de su responsabilidad educativa y demandan a la escuela que sea el único agente educativo, lo que es imposible. En muchos casos los profesionales vinculan los problemas de convivencia que surgen a este tipo de déficit familiar.
-¿Por qué ocurre?
-Muchos estudios lo han abordado. La sociología del empleo ha cambiado y ya trabajan en su mayoría los dos cónyuges, lo que es lógico. Muchas veces hay menos tiempo para educar a los hijos. Pero hay que ser conscientes de que es una tarea que también se debe compartir, al igual que las domésticas.