Kevin Reynolds parece haber caído en desgracia desde el famoso fiasco de 'Waterworld' (1995), al que han seguido títulos mediocres y prescindibles. Ahora parece haber dado con una de esas historias con un atractivo en principio por su mezcla de romance y acción guerrera medieval, mezcla de 'Romeo y Julieta' y 'El primer caballero', en la que la leyenda, el amor imposible y las pugnas por el poder pueden dar un buen juego con las necesarias licencias históricas.
Sin embargo, y pese a tener en la producción ejecutiva nada menos que a Ridley Scott, el resultado obtenido dista mucho de ser satisfactorio, quedándose en esa franja media de entretenimiento donde lo único que funciona es la acción: el enfrentamiento entre irlandeses y bretones en los tiempos oscuros de la Alta Edad Media.
Pero no hay que olvidar que Tristán e Isolda protagonizan una épica historia de amor que debe presidir y dominar todo el relato, inundándolo de emotividad, lealtad, sufrimiento y renuncia. Y esto es lo que no se ha conseguido. La seducción de los amantes carece de la más elemental fuerza, lo que lleva a un grado de convicción posterior muy limitado. El dolor intenso de la convivencia y la contención del deseo se muestran de forma fría, por lo que poco cala en el espectador el necesario sufrimiento que padecen. Tampoco la relación de ambos con el esposo y rey se ha desarrollado con una especial intensidad. Al margen de la escasa sensibilidad del texto, tampoco contribuyen mucho los protagonistas, muy limitados en el terreno emocional.