En el portón del garaje había un par de viejos mirando las flores y las velas que otros han dejado allí, en memoria de un hombre que nunca volverá a pisar esta lujosa casa de vacaciones que se había hecho construir en su ciudad natal. En Pozarevac, a unos 80 kilómetros de Belgrado, nació Slobodan Milosevic y a muchos les gustaría que aquí fuese enterrado. Ayer nadie sabía aún si será esta tierra la que cubra el cadáver de este hombre odiado por muchos, pero que ha dejado una huella imborrable en la historia de los Balcanes.
A la entrada del pueblo se encuentra la famosa discoteca 'Maddona' que abrió su hijo Marko, encargado de ir a recuperar el cadáver en Holanda. Aunque ahora se llama 'Planeta' sigue reflejando la megalomanía de la familia Milosevic. El próximo viernes, cuando se cree que se podría celebrar el entierro, está anunciado que actuará Alo Pejovic, un folclórico al que a la vista de la indiferencia general por los acontecimientos políticos, no le van a faltar espectadores.
La gente de Pozarevac volvió a votar hace año y medio al Partido Socialista Serbio, porque estaban «desengañados con los demócratas», como dice el secretario general local del PSS Milic Jovanic, pero tampoco se puede decir que eso se traduzca en un entusiasmo desmedido por la memoria de Milosevic.
Amenaza al Gobierno
Bojan Kekic, que es diputado socialista en Belgrado, insiste en que el ex dictador debe ser enterrado en su país, como exige la familia, y a ser posible en Pozarevac, «donde nació, fue a la escuela y creció». Claro que en realidad no fue educado de cualquier manera. Su madre, Stanislava, fue una estricta institutriz, que restringió sus contactos con otros niños para endurecer su carácter, se suicidó a los 60 años justos y está enterrada en el cementerio viejo, con una simple lápida negra presidida por una estrella de cinco puntas en vez de una cruz. La única inscripción además del nombre y las fechas de nacimiento y de fallecimiento es 'profesora'.
Kelic confirma que el partido ha amenazado con dejar de apoyar al actual Gobierno de Vojislav Kostunica -que depende de sus 22 diputados- si no allana el camino para que los familiares puedan acompañar a Milosevic hasta la sepultura.
En caso de que el presidente Boris Tadic autorice, finalmente, a la familia a venir a enterrar a Milosevic, casi nadie piensa que el cadáver pueda ser depositado en la alameda de los héroes del cementerio Belgrado, donde reposan las personalidades más destacadas de la historia del país -algunas víctimas suyas-. De cualquier forma, será un funeral privado y, según los expertos, el hecho de que se haya anunciado una orden prohibiendo que unidades militares participen en las ceremonias, se ha interpretado como una señal de que cuando se hayan despejado las condiciones judiciales que afectan a la familia, el Gobierno dará luz verde para que sea enterrado en el país.
Una señal
La decisión, si se produce, de levantar las acusaciones contra la viuda de Milosevic será, por tanto, la señal más evidente de que pese a todas sus reticencias, el Gobierno ha aceptado el regreso del que fuera su principal enemigo. Cualquier otra alternativa, seguiría dejando abiertas las incógnitas que aún rodean a su muerte, porque las autopsias y análisis se podrían repetir sin control alguno, y además eso reforzaría el papel de intrigante de la viuda, que cerraría provisionalmente la historia controlando la situación.
Es curioso lo que hace pensar ahora el hecho de que muchos matrimonios serbios mantengan la sorprendente costumbre de poner los nombres de los dos cónyuges en la lápida cuando uno de los dos fallece, pero dejando en blanco la fecha de fallecimiento del sobreviviente.