El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el candidato de la oposición en las elecciones generales del 9 y 10 de abril, Romano Prodi, se enfrentarán esta noche en televisión en el primer debate electoral que vive el país desde hace 10 años. Berlusconi se negó a mantenerlo en las elecciones de 2001, pero esta vez ha accedido a las condiciones de imparcialidad exigidas por Prodi para que tenga lugar. Curiosamente, también en 1996 ellos dos fueron los protagonistas -algo que refleja muy bien que pocas cosas han cambiado en Italia en una década- y lo que es más llamativo, la periodista que en aquella ocasión moderó el encuentro vuelve a marcar la cita. Se trata de Lucia Annunziata, la presentadora a quien el primer ministro dejó plantada el domingo durante la grabación de una entrevista.
La escena que las televisiones han repetido como último capítulo de los 'shows' de 'Il Cavaliere' ha cargado aún más la tensión en las horas previas al debate de esta noche. «Esperemos que no se escape también», se regodearon ayer portavoces de Prodi, mientras los sondeos les siguen dando una ventaja de cuatro puntos. Bromas aparte, no es probable que esta noche ocurra nada emocionante. La obsesión del centro-izquierda por garantizar el equilibrio propagandístico y controlar en lo posible el sentido del espectáculo de Berlusconi, ha llevado a negociar, según el modelo estadounidense, hasta la distancia de los contendientes en el plató y, por ejemplo, no podrán hacerse preguntas directas. En principio, se espera un duelo encorsetado y esterilizado, destinado al empate técnico, aunque pueden surgir sorpresas del contraste de personalidades tan distintas.
«Feo espectáculo»
La clase política, entretanto, discutía ayer el altercado con Annunziata y tras lamentar el «feo espectáculo», el presidente de la RAI, Claudio Petruccioli, ha regañado a la locutora diciendo que «no debió responder a las provocaciones». Lo ocurrido es un síntoma del punto al que han llegado las tormentosas relaciones entre Berlusconi y la mayoría de la prensa, pero lo cierto es que el rifirrafe no nace de la nada: se juntaron el hambre con las ganas de comer. Es verdad que Berlusconi está acostumbrado a aparecer en programas con periodistas de confianza, de carácter jabonoso, en los que pontifica sin la menor cortapisa. Pero por otro lado se veía que Annunziata le tenía ganas, siendo como es una ex presidenta de la RAI que duró un año en el cargo tras choques diarios con el Gobierno en defensa de su independencia.
Estar en campaña electoral y la tendencia tan italiana al exhibicionismo hacen el resto: Berlusconi vendió de nuevo su carácter rompedor y proclamó a los suyos que la izquierda controla la prensa, mientras que Annunziata puede presumir de que todo un primer ministro huyó de sus preguntas. Más bien parecía que el magnate no veía la hora de plantarla y que su interlocutora ansiaba que lo hiciera. A base de este tipo de incidentes y mucha mar de fondo -el escándalo de espionaje a políticos, otro repentino proceso a Berlusconi, una extraña manifestación de violencia inusitada de la extrema izquierda en Milán- avanza la campaña electoral. Y todavía queda un mes.