-Valore, por favor, los grandes avances en el tratamiento del Alzheimer que dice que se han dado en los últimos veinte años.
-En terapias, disponemos de algún tipo de fármacos que no son curativos, pero sí paliativos y que se obtuvieron gracias a los conocimientos de los años anteriores. Unos se basan en mantener una cosa llamada neurotransmisores, que permiten la comunicación entre neuronas.
-¿Y el resto? ¿O son éstos los únicos que se han logrado en las dos últimas décadas?
-También se da a los pacientes fármacos que provocan el efecto contrario. Se llaman antagonistas porque compiten entre sí. Lo que se quiere conseguir ahora es un compuesto que evite la formación de placas y ovillos o la patología asociada a las proteínas beta amieloide y tau, que están relacionadas con la formación de esas placas seniles y de los ovillos neurofibrilares.
-¿Les atiborran a pastillas?
-Bueno, no sé si serán como pastillas o inyecciones. Aunque se vea que funcionan, que son curativas y no generan efectos secundarios, habrá que ver también si dan buenos resultados en modelos animales. Y sólo entonces se pasará a la fase clínica con personas.
-¿El futuro es esperanzador?
-Creo que sí. Confío mucho en el conocimiento humano. Cuando la gente conoce y sabe, comete menos idioteces. Soy positivo y optimista. Ojalá seamos lo suficientemente hábiles como para hacer bien las cosas.
-Otra cosa: ha hecho usted constantes referencias en su intervención a Ramón y Cajal.
-He hablado de él en mi conferencia, no sólo porque esta serie de seminarios sea un homenaje a su figura, sino porque creo, y no exagero, que está a la altura de gente como Newton, Galileo y Darwin. Lo normal en un Premio Nobel es que al de veinte años deje de hablarse de él. Pero Ramón y Cajal predijo tantas cosas que aún hoy sigue siendo una cita constante en los estudios de todo el mundo.