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Viernes, 17 de marzo de 2006
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CULTURA
MANUEL BLANCO CHIVITE, ESCRITOR Y PERIODISTA
«En el bar surgen proyectos, sueños y confidencias»
El autor guipuzcoano presentó en Vitoria una historia de la vida en España entre 1931 y 2005 basada en testimonios de gente de la calle
«En el bar surgen proyectos, sueños y confidencias»
LITERATURA. El escritor Manuel Blanco Chivite. / IOSU ONANDIA
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LOS DATOS
El autor: Manuel Blanco Chivite (San Sebastián, 1945)

Bibliografía: 'De matar y morir','Trío de Negras', 'Carvalho. Biografía de un detective', 'Incorrecciones sexuales', 'Invasión de Irak: Reflexiones Rabiosas' (Con Gustavo Vidal y Juan Pablo Del Campo), 'Para hundir la moral a cualquiera: un regalo para sus enemigos', 'Se presenta el detective Bush', entre otros libros.

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La novela negra y el ensayo -hizo la primera biografía de Vázquez Montalbán- se funden en la carrera literaria de Manuel Blanco Chivite. Activo luchador antifranquista, se libró por poco de ser uno de los últimos fusilados del régimen para vivir bajo otra tiranía, más dulce, la del papel en blanco.

-¿De dónde viene el título 'De bar en bar hasta llegar al mar'?

-Tiene cierta simbología, cierta significación en clave de optimismo, de canto a la vida. Hace alusión al lado más humano de la gente en su relación con los demás, que se va expresando en los bares, alrededor de un vaso. Ahí surgen la confidencia, la historia, los sueños, los proyectos y se intercambian. Es como un río de vida que va a parar al mar, que es la vida en el sentido más amplio y exacto, ya que en la Tierra la vida surge de él. Es un ciclo.

-Conviene que nadie lo confunda con una guía de hostelería.

-No, evidentemente.

-Recoge testimonios de diversas personas. En este sentido, ¿es un libro periodístico?

-Es un libro de escuchadores y contadores de historias. Es una integración de estilos literarios y, entre ellos, un punto de partida es el periodismo. Pero tratado estéticamente, porque no he pretendido hacer ni crónica histórica ni, mucho menos, historia. El libro pretende difuminar las fronteras entre la vida y la literatura.

-¿De qué manera?

-Como en la vida, cada historia se sostiene por sí misma, al igual que cada capítulo, aunque haya un hilo conductor. El lector puede incluso abrir el libro al azar y comenzar a leer hacia adelante o hacia atrás. La escritura es lo que separa al lector de la vida, y yo intento que el libro sea transparente.

-¿Qué le llevó a un proyecto así?

-Tengo la manía de ir siempre con un cuadernito y tomar apuntes si oigo una buena historia. Es lo que llamo el oficio de escuchador. Quise dar coherencia a esta acumulación de esbozos y semblanzas. Se trata del país entre dos fronteras cronológicas: del 13 de abril de 1931 -la víspera de la Segunda República- hasta finales de 2005. Hay anécdotas de gente de 90 años hasta adolescentes de 14, 15 ó 16.

-¿Cómo lo resuelve?

-Buscaba una forma poco común, no empleada por otros, pese a que realmente no hay nada original. La fórmula fue el fragmento, un texto mínimo que dice algo sobre una época o situación. Con esta técnica y una integración de estilos y géneros he intentado reflejar este período histórico a través de personas que nunca aparecerán en los libros de Historia, con su vida y sus tragedias cotidianas.

El borracho Bush

-¿Hay autobiografía?

-Con sentido humorístico, un poco distanciado. En una pirueta literaria, donde el escuchador se oye a sí mismo, y aparece dentro de ese mosaico general.

-¿Retomará la novela negra?

-Publiqué un relato corto en una colección de 'Interviú', en 2002. Quiero retomarlo y ampliarlo. Se titulaba 'Se presenta el detective Bush': era un conductor de autobús al que habían echado de la empresa de transportes de Madrid por conducir borracho.

-¿Hay similitudes con alguien?

-No. Lo novedoso viene de profundizar en los grandes clásicos y dar el salto hacia tu tiempo, tu forma de expresión y tu mirada. Yo elijo el detective asalariado, que ya existe en Dashiell Hammett: no busca la verdad, ni resolver nada, sino servir al cliente.



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