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| FALLAS |
Valencia. 6ª de feria. Lleno. Soleado y fresco. Ventoso.
Seis toros de Núñez del Cuvillo. Corrida de variadas hechuras, justa de trapío, noble, dócil, manejable, pero poco lucida por falta de poder. El segundo, el de mejor nota, dio buen juego. Primero y sexto se vinieron abajo. De agitado carácter el tercero, que fue a menos. Manejables cuarto y quinto.
Enrique Ponce, silencio y palmas tras un aviso. El Cid, silencio en los dos. El Fandi, palmas en los dos. |
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Ni mala ni buena, ni mansa ni brava, sino todo lo contrario, la manejable y descastadita corrida de Cuvillo. Bastó con el primer toro, flaco, mal trazado, anduvo de tambaleo en cuanto tomó los engaños. Ponce apenas pudo disimular sus ganas de hacerlo rodar por el suelo. Se enrareció el ambiente, se pidió la devolución. Mal que bien se sostuvo el toro, pero, desganado y arrepentido, ahogado en la corta distancia, se vino del todo abajo. Se aburrió Ponce, se aburrió la gente.
De casi todo le faltó a la corrida. Ni trapío, ni potencia, ni raza. Servir, sí sirvió más de uno. Y más de dos y de tres, Hasta cuatro. Y cinco. Por ejemplo, el segundo, el de más bondad, el más pronto, el que antes y mejor quiso, el que más resistió. Muy ligerito El Cid desde los primeros compases. El toro estuvo dispuesto y El Cid pareció estarlo también. Sólo fue una apariencia. Faena volátil, apenas pensada, muletazos compuestos sobre la inercia del toro. Ni por la mano izquierda. Una estocada que atravesó al toro y lo hizo guardia.
El tercero, brioso ratón, sacó una gota de temperamento. Pero, justas las fuerzas, claudicó. Mucho bulló con el capote El Fandi, mucho más después de cambiarse el tercio con dos picotazos, porque, en banderillas, volvió a repetir El Fandi una de sus clásicas exhibiciones de facultades, conocimiento y arrojo. La gente, de pie. Rebrincado, protestón, un punto agrio y descompuesto, el toro no fue en la muleta dócil. Ni imposible.El Fandi no se metió a fondo pero dominó la pelea, que fue breve.
El quinto sacó feas hechuras de toro sin carnes. No mucho mejores fueron las del cuarto. Éste, sin ritmo, tuvo recorrido por la mano izquierda y, aunque resistiéndose, también tomó el engaño por la derecha. El quinto salió igual de parecido en fondo y en forma. De salida, uno y otro echaron las manos por delante. Muy pocas ganas de pelea. Tres veces desarmó el quinto a El Cid. Por desgana, no por protesta. Ponce sacó el carrete para, paciente, porfiar con el cuarto y tirar de él, engancharlo hasta pasarlo. Larga la faena. Se calentó la gente, pero no mucho. Ponce pinchó sin pasar hasta tres veces. Sonó un aviso. El Cid anduvo con el quinto encogido y desconfiado, escondido, a verlas venir. Algún intento sin fe. Y una estocada de rápido efecto.
El sexto de corrida fue también globo pinchado, porque luego de cumplir en varas galopó en banderillas con bastante buen estilo y apuntó en la muleta no mal estilo. El Fandi lo dejó saturado y rendido con los palos en cuatro pares de formidable alarde. No hubo que pegarle al toro ni un capotazo. Sólo reclamarlo a la voz o con la punta de un capote. El alboroto fue monumental. Pero la faena de muleta se fue al traste enseguida. El toro se quedó sin aliento al tercer viaje. No hubo tampoco sobo ni manejo. Dejado a su aire, ese toro se apagó. Le faltaba motor.