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Viernes, 17 de marzo de 2006
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Las monjas Dominicas de la Presentación de Barcelona se presentan en Internet porque son conscientes de que, hoy por hoy, es en la Red donde se refleja el presente del mundanal ruido, bien que mediante un silencio ensordecedor. Presienten con razón que lo mostrará con mayor estruendo en el futuro. Buscan captar nuevas hermanas para la apartada vida conventual, y por ello han de adecuarse, adaptarse a los tiempos modernos, que no están ahora los caminos del mundo para salir como la santa andariega carmelita, reclutando novicias en carreta por Castilla. Y si ya dijo Teresa de Avila que Dios está hasta en los pucheros, también a través del ordenador puede llegar la llamada divina. Claro está que las religiosas han de utilizar medios y mensajes acordes con la actualidad. «¿Te va la marcha frenética?», inquieren a voleo con la ayuda del ratón las monjitas, por si prende la llama de la vocación en un mar agitado de muchachas internautas, las más de ellas sin rumbo ni puerto a la vista, aunque ya se sabe que las ciberrutas virtuales del Señor son inescrutables.

«¿Te gustan los hombres, la disco y las pelas?», preguntan a las jovencitas, a sabiendas de por dónde van hoy en día las tentaciones y seguras de que el diablo se trasmuta y viste minifalda, se tatúa, luce piercings, pastillea y le mola el hip-hop. «¿Eres borrachina?», interpelan a las posibles aspirantes a la vida contemplativa, mientras ellas, enclaustradas, contemplan entre rejas los destellos de cristal de las litronas que llegan de parques, calles y plazas, y escuchan desde la noche hasta maitines cómo ruge la marabunta de los macrobotellones. En la recoleta y monacal página web en que publican su reclamo se advierte que las hermanitas consideran que estas almas juveniles de contemporáneas y pecaminosas apetencias, que navegan hoy a la deriva en aguas procelosas, son perfectas para lucir devotas los hábitos mañana. Más vale una oveja descarriada que noventa y nueve justas. Desde los primeros apóstoles, aquellos humildes pescadores, han ido cambiando las artes y las redes a la procura de prosélitos hasta esta actualidad descreída, en que resulta escasa la pesca. Por eso, el obispado de Teruel lanza una web en busca de curas y reza esperando un e-mail.



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