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Domingo, 19 de marzo de 2006
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CICLISMO
Pozzato distancia a los sprinters en el Poggio y gana la Milán-San Remo
Óscar Freire e Igor Astarloa fueron los mejores españoles en la clásica italiana
Pozzato distancia a los sprinters en el Poggio y gana la Milán-San Remo
CELEBRACIÓN. Pozzato y su compañero Boonen festejan el triunfo en la meta de San Remo. / EFE
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CLASIFICACIONES
Milán-San Remo

1. Filippo Pozzato (Quick Step), 6h.29.41

2. Alessandro Petacchi (Milram), m.t.

3. Luca Paolini (Liquigas), m.t.

4. Tom Boonen (Quic Step), m.t.

5. Danilo Napolitano (Lampre), m.t.

6. Oscar Freire (Rabobank), m.t.

11. Igor Astarloa (Barloworld), m.t.

24. Alejandro Valverde (Caisse), m.t.

49. Samuel Sánchez (Euskaltel), m. t.

51. Pedro Horrillo (Rabobank), m.t.

54. M. A. Gómez (Saunier Duval), m.t.

79. Rubén Pérez (Euskaltel), m.t.

81. Pello Arreitunandia (Barloworld),a 0.42

82. David López (Euskaltel), a 0.48

Copa del Mundo

1. Floyd Landis (Phonak), 52 puntos

2. Thomas Dekker (Rabobank), 51

3. Filippo Pozzato (Quick Step), 50

6. Francisco Vila (Lampre), 43

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Filippo Pozzato, 'el niño de oro' del ciclismo italiano, logró su mejor victoria al ganar ayer la 97 clásica Milán-San Remo. Este joven corredor italiano (24 años) debía trabajar para sus compañeros de escuadra Tom Boonen y Paolo Bettini, pero se encontró en cabeza tras pasar con unos segundos de ventaja el Poggio y no desaprovechó la ocasión. Fue a falta de tres kilómetros para la llegada, cuando sus compañeros de fuga comenzaron a flaquear. Miraban hacia atrás sólo para ver cómo el pelotón lanzado por Milram se les echaba encima.

Con sangre fría esperó a esos segundos que necesita el paquete para organizar el sprint, para sorprender con un ataque largo a 350 metros de la meta y abrir un pequeño hueco que le bastó para cruzar la línea en primer lugar.

La víctima fue Alessandro Petacchi, el mejor especialista del mundo en las llegadas masivas, que entró por delante de su compatriota Luca Paolini y del belga Tom Boonen, actual campeón del mundo. Pozzato ha logrado en casa el mayor éxito de su carrera deportiva y el ciclismo italiano su podio exclusivo número 34 en las 97 ediciones de la clásica que anuncia la primavera.

Cipollini, de espectador

En la meta estaba un espectador de lujo. Era Mario Cipollini, que había abandonado su refugio de Montecarlo para ver la carrera como un aficionado más. «Es más bonito ser espectador que corredor. Me ha gustado como italiano porque ha ganado Pozzato, pero estoy triste porque ha sido un día negro para los sprinters. Han tenido que trabajar durante 190 kilómetros para controlar la carrera y al final han llegado sin fuerza para organizar el sprint. Lo siento por Petacchi y Boonen».

El alto del Poggio, a 6 km. de la meta, fue el escenario de la última escaramuza, que resultó decisiva. El italiano Alessandro Ballan se llevó a Pozzato y el vizcaíno Igor Astarloa se fue con ellos. Por el alto tenían 10 segundos de ventaja, aunque en el descenso les alcanzaron el italiano Rinaldo Nocentini, el luxemburgués Frank Schleck y el asturiano del Euskaltel Samuel Sánchez.

Una vez terminado el descenso dejaron de colaborar y a un kilómetro de la meta el pelotón se les echó encima. El español Óscar Freire, tres veces campeón mundial y ganador en 2004 de esta misma carrera, tomaba posiciones junto a Petacchi y Boonen, pero Pozzato no se resignó a la caza y tomó unos metros de ventaja, haciendo inútiles los esfuerzos de los grandes favoritos.

La escapada del día tuvo en cabeza a un grupo de ocho corredores que se fueron en el kilómetro 27. Eran Daniele Contrini (LPR), Unai Etxebarria (Euskaltel), Staf Scheirlinckx (Cofidis), Ludovic Auger (Française), Kjell Carsltrom (Liquigas), Mirko Allegrini, Sergei Matveyev (Panaria) y Giampaolo Cheula (Barloworld). Llegaron a tener 10.30 minutos de ventaja en Novi Ligure, pero comenzaron a bajar el ritmo en la subida a Turchino.

Por detrás Petacchi había ordenado apretar el ritmo y la diferencia bajó con rapidez. Después de 254 kilómetros de carrera Allegrini rompió la disciplina de la fuga y se fue en solitario. Se le unió Etxebarria y ambos corredores comenzaron la aventura, con sus seis compañeros intercalados. Fue en vano. La fuga terminó antes de la subida a La Cypressa, a 28 kilómetros de la llegada.



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