Un año más, el día 22 de marzo se viste de azul para ensalzar los valores y funciones del agua y recordarnos, otra vez, que de su salud depende la nuestra. Para la conmemoración de esta efeméride el tema elegido este año ha sido 'agua y cultura', binomio que cobra especial significado en estos momentos en los que la sociedad necesita apostar por una nueva ética en la gestión y uso de este vital recurso. Conceptos como los de conservación, eficiencia y ahorro están llamados a ser protagonistas de la gestión sostenible de los recursos hídricos y muy especialmente en nuestra comunidad autónoma en el marco de los abastecimientos urbanos. En este contexto, urge revisar algunos aspectos, como el relativo a las aguas no registradas, al que hasta ahora no se le ha dado la importancia que merece. En la gestión urbana del agua, todo lo relacionado con las aguas fuera de control cobra un especial protagonismo, dado que éstas representan, en algunos casos, volúmenes nada despreciables.
Conviene aclarar el concepto para no caer en el error de identificar las aguas no registradas, exclusivamente, con las pérdidas o fugas en la red de abastecimiento. Dentro de esta definición se incluyen las fugas propiamente dichas en la red de abastecimiento, las deficiencias en los contadores, las tomas clandestinas y no controladas y las propias pérdidas de la red en alta (instalaciones en la planta de tratamiento). Ahora bien, en lo que consideramos agua no registrada se engloban también los consumos no facturados, como el suministro a los centros administrativos oficiales, el riego de parques y jardines, el baldeo y limpieza de calles, etcétera. Esto lleva a considerar que es necesario computar absolutamente todos los consumos, para tener un conocimiento más ajustado de las pérdidas en la red de abastecimiento, porque una cosa es no cobrar el agua y otra muy distinta no saber cuánta se gasta. Por otro lado, hay que tener en cuenta que probablemente una parte importante de las aguas no registradas en una red de abastecimiento son aguas consumidas pero que no son controladas, es decir, no pasan por contador y, por lo tanto, los consumos no son registrados ni facturados.
Esta realidad, un tanto descuidada por los responsables gestores del abastecimiento, tiene mucho que ver con el precio actual del agua en los distintos sistemas de abastecimiento. En la medida en que el precio que se paga por el metro cúbico de agua consumido sea tan bajo y alejado de los costes reales, tener fuera de control una tercera parte de las aguas suministradas puede seguir siendo una realidad. De esta manera, lo que debería ser un problema urgente a resolver puede seguir siendo un problema residual latente al que no se le da la importancia que merece. Esta situación sería impensable con otros recursos. ¿Acaso podríamos imaginarnos pérdidas de una tercera parte en la distribución del petróleo o el gas? Desde luego que no.
Al analizar los volúmenes del agua no controlada en el ámbito de la Comunidad Autónoma del País Vasco observamos que en los tres territorios históricos los datos son muy parecidos, considerando un dato global para toda la comunidad del 39,09%. Este dato enmascara la realidad municipal y de algunos núcleos de población, donde existen notables diferencias y volúmenes muy importantes de agua que escapan al control de los gestores. En líneas generales, más de la mitad de los municipios vascos tienen volúmenes de aguas no registradas por encima del 40%, y más de una tercera parte presenta valores superiores al 50%. Esta situación es especialmente alarmante en algunos sistemas de abastecimiento pequeños donde los volúmenes de aguas incontroladas superan el 80%. Traduciendo el dato porcentual a litros por habitante y día, las aguas no registradas en el conjunto de la CAPV representan 134,7 litros por habitante y día. Cantidad nada despreciable si la ponemos en relación con los distintos tipos de demandas existentes. De esta manera, las aguas no registradas en el ámbito de la CAPV supondrían un volumen anual superior a cien hm3/año.
Se trata de una situación anómala, que en ningún caso invita al ahorro de agua, y por lo tanto debe ser corregida. A la luz de los datos aportados, podemos decir que reducir el porcentaje de aguas no registradas supondría un ahorro significativo de los volúmenes globales de agua demandada. En definitiva, debemos poner orden en casa y atajar la situación de descontrol que gira alrededor de las aguas no registradas, prestando especial atención a uno de sus elementos principales: los volúmenes correspondientes a fugas en la red de suministro. Es necesario y obligado tener un control de todos los puntos de consumo si queremos cumplir con las exigencias, que dicta la Directiva 2000/60/CE del Parlamento europeo, relativas a la recuperación de los costes de los servicios relacionados con el agua (artículo 9 Directiva Marco del Agua). Seguir apostando por estrategias de oferta y anteponer la construcción de nuevas infraestructuras de regulación, como garantía del abastecimiento actual y previsible, sin antes haber resuelto y mejorado la situación de las aguas no registradas en los distintos ámbitos de abastecimiento, es, cuando menos, un ejercicio de desgobierno e irresponsabilidad. vpenas@bakeaz.org