El 13 de marzo se cumplió un año del suceso que a punto estuvo de costarle la vida a Javier Maestre durante un partido de fútbol aficionado. El aniversario coincide con el alta ambulatoria que ha recibido del hospital Aita Menni de Mondragón. No es un alta completa y este futbolista de vocación deberá seguir jugando cada día su particular partido del esfuerzo y del afán de superación. Pero empieza otra vida. En su casa, con su mujer...
Todo comenzó un domingo en un partido de fútbol con sus amigos del Mármoles Roma Asteguieta. En un lance del juego, el defensa recibió de un rival una patada fortuita en la cabeza y en la caída se golpeó la sien. Maestre sufrió un traumatismo craneoencefálico de pronóstico reservado y las primeras semanas resultaron casi dramáticas: un mes en estado vegetativo y dos en coma. Apenas cabía lugar para la esperanza.
Javier volvió a nacer en junio y con él las ilusiones de su familia. «Con la fuerza de voluntad que tiene fue tirando para adelante. Es muy duro y muy deportista, eso es lo que le ha salvado», apunta 'Rojo', amigo y capitán del Mármoles. En julio la familia decidió internarle en Aita Menni, una clínica de Mondragón especializada en lesiones de daño cerebral y que conlleva un gran desembolso económico. Desde entonces, con sus pequeños pero constantes progresos físicos y neurológicos, Javier ha devuelto la sonrisa a sus allegados. «Es trabajador y un gran luchador. Tiene la ilusión algún día de hacer una vida normal», confiesa Eva, su mujer.
De forma paralela su familia se ha desvivido por él y no ha dejado de visitarle y observar de primera mano su evolución. Tras un primer ciclo en Mondragón, hace dos semanas recibió el alta ambulatoria. Ello le da la posibilidad de continuar la recuperación en su hogar, un paso más en una rehabilitación larga y muy delicada. «No es un alta para decir qué bien está, porque mi esposo bien no está, pero es algo positivo. Dos días va a Mondragón y tres viene la fisioterapeuta a casa». Sus mayores progresos son en la memoria. «Va reconociendo a la gente. La mano ya la puede abrir y estirar».
Retirado su dorsal
Si en el seno de la familia se vivió un calvario, sus compañeros también han sufrido su ausencia. «No se entra igual al balón. Aquí juegas por divertirte y yo, que juego como él en la defensa, prefiero que me metan un gol a dar una patada», confiesa 'Rojo'. Los primeros días se plantearon dejar de jugar. Si volvieron fue pensando en su amigo. «Tenemos la ilusión de que vaya a vernos, que llegue un día por su propio pie. Estoy convencido de que lo va a hacer. El número 2, el suyo, no se lo va a volver a poner nadie en este equipo. Es de él y lo tendremos ahí».
Quedan muchas horas de rehabilitación para Javier. Muchas horas de esfuerzo, apretar los dientes y quizás también de lágrimas. Pero tiene lo más importante: ilusión y alguien que le quiere.