El Correo Digital
Viernes, 24 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
DEPORTES
CICLISMO
Desde Galdakao hasta la playa
Recorremos con Igor Antón una ruta hasta Bakio por carreteras donde todavía no reina el tráfico
Desde Galdakao hasta la playa
CRUCE DE CAMINOS. Igor Antón, ciclista del Euskaltel, y el redactor de EL CORREO Jesús Gómez Peña, en ruta. / FOTOS: IGNACIO PÉREZ
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
MARCHAS
S. C. Gernikesa: domingo, 9.00 horas, a Laida, Lekeitio, Munitibar. 70 km.

S. C. Zalla: domingo, 9.30 horas, a Amurrio, Orozco, Llodio, Sodupe. 80 km.

Iurreta T. E: mañana, 9.30 horas. 83 km. Domingo, 9.30 horas. 90 km.

S. C. Punta Galea: mañana, 8.55 horas, a Gamiz, Astorekas, Morga, Gernika, Rigoitia. 85 km. Domingo, 8.55 horas, a Sopuerta, Arcentales, Güeñes, El Arenao. 90 km.

Erandioko T. E: domingo, 8,30 horas, Erandio, Lezama, Zornotza, Autzagane, Muniketas, Balcón, Gernika, Rigoitia, Mungia y Unbe. 110 km.

S. C. Vitoriana: domingo, 9,30 horas, Fuente Los Palos, Mendoza, Nanclares-Lapuebla, Añastro, Berantevilla, Lapuebla y Vitoria. 65 km. Salida 10,00 horas. 57 km.

S. C. Ariznavarra: domingo, 9,30 horas, Vitoria, Manzanos, Lapuebla, Tuyo, Nanclares, Mendoza y Vitoria. 65 km.

CDC Foronda: domingo, 9,00 horas, Apodaca, Gopegui, Ubidea, Zubizábal, Otxandio, Villarreal, Landa y Vitoria. 70 km.

Publicidad

Galdakao está al lado del mar. Sólo hay que saber buscarlo. Igor Antón, miembro de una de las cepas más jóvenes del Euskaltel-Euskadi, sale a menudo al encuentro del Cantábrico. Hoy voy a acompañarle. Vive junto al rumor de la 'nacional' que une Bilbao y San Sebastián, pero prefiere el ronroneo de las olas. Vamos a Bakio, a surfear sobre ruedas. «Siempre me dicen que donde vivo está lleno de coches. Yo respondo que en un momento me planto en un lugar casi vacío», explica el corredor. Ese suspiro entre bocinas, semáforos y camiones dura entre Galdakao y Erletxes: de rotonda a rotonda. Con un giro a la izquierda, hacia Larrabetzu, el paisaje muta. En dirección al mar.

Antón es zumo de ilusión. Pedalea y habla de su primer Giro, de las fotografías del Stelvio nevado, de su ataque junto a Bettini y Di Luca. Tiene corazón de ciclista. «Mañana me toca una prueba de esfuerzo y hoy no quiero machacarme mucho». Esto es: noventa kilómetros en tres horas. Un paseo hacia la costa. Tras un par de meandros de asfalto, Larrabetzu se abre al inicio del puerto de Morga. «Subimos sólo hasta el cruce de Astorekas». Un kilómetro y pico de pendiente. Asequible. Una vez en la intersección, nace una carretera casi abandonada. Un guante para las bicis. Una cinta gris sobre la que los ciclistas reinan. «Yo casi siempre salgo hacia Mungia. A veces, también quedo con la 'grupetta' de Durango, pero esa zona está llena de tráfico». Huyendo del ruido de los motores. Vamos en paralelo, charlando sentados y jadeando de pie sobre los repechos de Fika y Gamiz. Solos: en una carretera privada.

La postal de Meñaka

Mungia es el centro de gravedad del ciclismo vizcaíno. Cientos de rutas pasan por allí. Pero hoy vamos a esquivar sus calles. Tiramos hacia Meñaka, un pueblo parapetado en un pequeño alto y copiado de una postal suiza. Es como si le pasaran el polvo cada mañana. No se sabe dónde acaban los caseríos y comienzan los chalets. El cielo, azul piscina, ayuda a componer el paisaje. Pero queda poco espacio para la tregua. La montaña espera junto al mar. Antes, bajamos a Larrauri. Allí la carretera toma altura en una pequeña cota camino de Bakio. Es un aperitivo. «¿A cuántas pulsaciones vas, Igor?». «A 135». Es decir, a un ritmo cómodo, compatible con la conversación. Es su terreno. Antón es un escalador, 64 kilos vaciados en un molde hecho para los desniveles. «Mi ídolo era Pantani». Bakio nos recibe. Un trago de agua y, sin entrar en el pueblo, tomamos carrerilla para asaltar Jata, la dificultad del día.

Es un puerto que sobresale en el espinazo de la costa. Con el verde metálico de los eucaliptos. Sin el lujo caduco de los hayedos o los robledales. Pero sobre un asfalto reservado a las bicicletas. Son unos cuatro kilómetros, con tramos muy variables. Antón, a ritmo de paseo, recurre al piñón de 19 dientes. Baila. Tras un nido de casas, empieza el kilómetro más exigente. No suavizará hasta que el monte deje ver el mar. «Tengo que volver a los Dolomitas, pero para recorrerlos andando», comenta Antón. Tiene anclado en su recuerdo la majestuosidad de los Alpes italianos. Se aleja unos metros. El ritmo pausado de un profesional es exigente para los mortales. La pendiente se calma junto a un mirador. Alivia la brisa del Cantábrico. La horquilla de Bakio queda atrás. «Ya está hecho lo más duro del día», concede Antón. Así es: la segunda mitad de la ruta resulta más cómoda.

Cruce con Iban Mayo

El descenso hacia Maruri esconde un hálito: el del vertedero. Un enjambre de gaviotas lo anuncia. «Aquí en verano tienes que pasar con la boca y la nariz cerradas». Olvidado ese olor fermentado, nos tiramos en slalom. Al fondo, de repente, notamos un punto naranja que se contonea. Viene en sentido contrario. Y muy rápido. Sorpresa: es Iban Mayo. Al vernos se detiene, afloja los pulmones y se cierra la cremallera del maillot. «Venía haciendo una serie y he pensado: ¿Quíenes serán esos dos globeros?». Nos reímos. Él tira hacia Bakio, al reclamo del mar. Nosotros nos dejamos caer hacia Butrón, Urduliz y, sin poder evitarlo, hacia el reencuentro con el tráfico.

Ceñidos a la línea de costa torcemos hacia Bilbao por la ría. Pedaleamos en paralelo. «Es la mejor manera de que los coches te respeten. Si no, a veces ni te ven». Ojeamos el Guggenheim. La telaraña de semáforos lo permite. «Vamos por el Ayuntamiento, que sólo son dos curvas de subida», recomienda Antón. Con casi ochenta kilómetros en las piernas, esos dos giros muerden. Pero es cierto, luego sólo queda dejarse ir hasta Galdakao, el punto donde empieza la playa de Igor. Mañana tiene prueba de esfuerzo. Hoy le tocaba un paseo por el mar.



Vocento