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Domingo, 26 de marzo de 2006
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CULTURA
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Famosos a su pesar S.A.
Eugenia Martínez de Irujo y su hermano Cayetano vuelven a acudir a los medios para quejarse de lo mucho que les incomoda salir en ellos
Famosos a su pesar S.A.
PAREJA. Eugenia y su novio, Gonzalo Miró. / FOTOS: EL CORREO
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Los que no quieren salir te saludan! Así, con esta frase y mirando fijamente a la cámara deberían comenzar sus intervenciones mediáticas los hermanos Cayetano y Eugenia Martínez de Irujo. Uno y otra han vuelto a aparecer esta semana en los medios. Ella, en la revista 'Elle', haciéndole confidencias a Boris Izaguirre. Y él, en TVE, confesándose ante el 'reverendo' Jesús Quintero; que a este paso acabará instalando un diván en el plató.

Tanto Cayetano como Eugenia han coincidido en lo mismo: ser famoso y tener que vérselas con la prensa es engorroso, sacrificado y durísimo. En definitiva, un horror. ¿Qué hacían ellos entonces una vez más bajo el foco? Ah, ese es un misterio de la contradictoria mente humana, fruto quizá de extrañas interconexiones cerebrales que puede que algún día desentrañe el doctor House.

El caso es que el martes por la noche Cayetano, que de haber nacido Torrente Ballester y no Martínez de Irujo habría escrito 'Famosuelo a mi pesar', se sentó ante alguien que se autodenomina loco -no hay nada como hacérselo para que el otro se confíe y te cuente su vida- y, menos el PIN de la visa electrónica, lo 'cantó' todo. Hasta del divorcio de su hermana habló. «Algo que viví -dijo- de una manera encarnecida, y que fue terrible». Y, para empezar, una declaración de principios. «La mujer y el caballo son los dos seres vivos que más admiro y respeto», afirmó el jinete para pasmo de los militantes de Greenpeace.

Entre lamento y lamento por lo poco que respeta la prensa su vida privada, Cayetano habló por primera vez de cómo, tras apenas un mes de relación, Genoveva Casanova quedó embarazada, y cómo ambos resolvieron marcharse a África para desde allí, y en veinte días, tomar la decisión de si seguir adelante con lo suyo... Siguieron y hoy están casados. «Ella es lo mejor que me ha pasado. Del amor estoy aprendiendo ahora -dijo-. Antes tenía un desequilibrio emocional que no me dejaba amar». Vamos, que si eso no es destapar la propia intimidad ante una cámara, que venga Dios y lo vea.

Mar infernal

También habló Cayetano de quien una vez juró que no volvería a hablar: Mar Flores. Con ella dijo haber vivido «una etapa semejante a una pesadilla, entre novelesca y de ciencia ficción; dos años de infierno absoluto». Luego vino otra ración de quejas acerca de lo mal que está la prensa y de lo mucho que se mete en las vidas ajenas, «que así no podemos seguir. A ver si puede usted hacer algo», le rogó Cayetano a Quintero. Y éste, por colaborar, le preguntó por 'Fefé'. «Le cogí mucha manía, pero igual fue una víctima como yo», desveló el jinete sin inmutarse.

Otra víctima de la prensa del corazón, su hermana Eugenia Martínez de Irujo, posa esta semana en 'Elle' cual consumada modelo, al tiempo que afirma que es timidísima y que detesta sentirse observada. «Hay momentos en los que mi vida es como un 'Gran Hermano' a lo bestia», lamenta la atribulada Eugenia. Pero luego, en otro párrafo, habla relajadamente de su hija, a la que por lo visto ella se parecía mucho a la edad de seis años. «Sabía lo que quería ponerme en todo momento. Tenía muy claro lo que me quedaba bien y lo que no».

De pronto, en un rapto de lucidez, Eugenia admite que el comercio de la propia intimidad «no es más que una cuestión de dinero. Da vértigo pensar en las cantidades ingentes que se mueven...». ¿Vértigo, dice? Quizá debería consultar a su novio, Gonzalo Miró, pues, desde que su intimidad cotiza en la bolsa del corazón, el joven se está forrando.



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